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Desesperanza

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Con frecuencia vemos las cosas separadas y clasificadas en compartimentos. Aislar los problemas y darles contención los hace más manejables, pero puede perderse una continuidad. El arte siempre tendrá un papel central en señalar lo que une o separa esa totalidad.

Por: Esteban Bayona T.

Desesperanza de ANOHNI y la canción Crisis
Portada del álbum Hopelessness (Desesperanza) de ANOHNI.

Hija
¿si llenara tus fosas comunes
y atacara a tus países
con falsas premisas?

Lo siento
Lo siento
Lo siento
Lo siento

Crisis, ANOHNI

La canción Crisis del aclamado álbum Hopelessness (Desesperanza) de ANOHNI (anteriormente Antony Hegarty de Antony & The Johnsons quién decidió recientemente cambiar su nombre por uno de género neutral) supone, tal vez, uno de los momentos más descorazonadores, frágiles y vulnerables del que ahora se considera uno de los proyectos de música protesta más confrontacionales de nuestro tiempo.

Hace dos años la mencioné en Sentiido a propósito del movimiento feminista de vanguardia llamado Future Feminism que, junto con las hermanas Casady de la agrupación musical CocoRosie y demás colaboradores, ANOHNI ha liderado e incluso presentado en forma de monólogo en la segunda pista de su álbum en vivo titulado Cut the World.

Allí le escuchamos hablar sobre la tiranía patriarcal en sistemas religiosos y de gobierno y abogar por una transición a formas más femeninas de organización social que integren asuntos claves como el medio ambiente y la sostenibilidad:

No me es posible huirle a esta noción de que estoy hecha de este lugar, pese a que fui educada para creer que estaba constituida fundamentalmente por materia espiritual que venía de otro lugar.

[…]

Lo maravilloso de ser transgénero es que naces con una religión natural […] eres casi automáticamente una bruja. Ninguno de los monoteísmos patriarcales te va a aceptar y está claro que en la mayoría de esas religiones te sentencian a muerte y en muchos lugares del mundo aún sucede.

[…]

Me preocupa que la ecología mundial esté colapsando y que no tendré un lugar para renacer, porque realmente me pregunto a dónde más vamos si finalmente volvemos a la Tierra de alguna forma.

[…]

He buscado y buscado ese pedacito de mi constitución que no le pertenece a este lugar y aún no lo encuentro. Cada átomo, cada elemento mío parece resonar con el gran mundo a mi alrededor. Así que he llegado a la conclusión de que esta es la mejor idea de dios, que este mundo manifiesto es la frontera de su sueño. […] Y si bien no me iré a ningún paraíso cuando muera, pues es entonces de mi interés personal construir una relación sostenible con este lugar.

Es importante entender que los conceptos de sostenibilidad y equilibrio no han de limitarse exclusivamente a asuntos de medio ambiente y mucho menos en el caso del discurso de ANOHNI y el Future Feminism.

Por el contrario, son virtudes claves que alcanzar en todas las esferas de nuestra vida colectiva que, como lo ha demostrado, por ejemplo, el ascenso de la candidatura de Donald Trump en Estados Unidos, está profundamente permeada por un entramado de odio, resentimiento, prevención y discriminación sistemáticos que demuestran aquello que, por cierto, advirtió William Faulkner en su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura de 1949: “No quedan ya problemas del espíritu, sólo hay una pregunta: ¿Cuándo me van a volar en pedazos?

En Drone Bomb Me, la primera canción del álbum Hopelessness, la pregunta de Faulkner se transforma y se convierte ya no en duda sino en deseo: cantada desde la perspectiva de alguien inocente que ha perdido a toda su familia como daño colateral de un bombardeo no piloteado, el personaje reclama ser volado en pedazos también por medio de una declaración amorosa que dota a la canción de un interesante matiz de ambigüedad al dirigirse al drón con frases como “Quiero ser la niña de tus ojos” y “Escógeme esta noche”.

Este tipo de solicitudes o voluntades destructivas ocurren mucho a lo largo de todo el álbum: en 4 DEGREES (4 GRADOS), que critica la posición no poco común de algunos que hacen a un lado al calentamiento global como un problema de “tan sólo 4 grados” y olvidan que la escala es planetaria, se desean abierta y directamente las consecuencias más nefastas del fenómeno.

En Marrow (Médula) ANOHNI personifica a una Tierra lastimada que le pide a la humanidad que la siga envenenando.

Es bien sabido que para muchos, como ANOHNI, la indiferencia es el peor tipo de complicidad, y el gesto de presentar el exterminio como un deseo obsesivo de la humanidad pone de manifiesto que no hacer nada logra mucho.

Aunque el recibimiento del álbum en general ha sido positivo (en junio de este año se llevó a cabo un concierto de lanzamiento en Park Avenue, Nueva York, que convocó a miles), también ha sido objeto de crítica por haber abordado tantos temas distintos (crímenes de guerra, calentamiento global, vigilancia informática, pena de muerte y políticas de ejecución sin juicio, sistemas patriarcales de religión y gobierno, pérdida de la empatía, negación del perdón, entre otros) y no haber profundizado en unos pocos.

Aunque esta observación pueda ser cierta y sensata, es interesante la respuesta que publicó ANOHNI a este tipo de críticas en su página de Facebook:

Es como intentar contener al mar con una escoba: al barrer una ola las demás toman su lugar. Es realmente eso lo que enfrentamos: un océano de disfunción con un poderoso sistema de condiciones que unen todos estos problemas […] Quise referirme a esta constelación de crisis como un solo sistema […] Con el SIDA primero decían “¿Qué, se está muriendo de neumonía? Esperen, tiene Sarcoma de Kaposi; momento, tiene Toxoplasmosis…”.

Y un día dijeron “En realidad se trata de un sistema, de un conjunto de síntomas que se pueden identificar como una sola enfermedad llamada SIDA”. Es eso lo que tenemos en las manos ahora: la insidiosa colaboración de las mil y un caras de nuestras rupturas.

Es esta la razón por la que he decidido iniciar la serie para Sentiido sobre música protesta contemporánea con este álbum: con demasiada frecuencia vemos las cosas separadas y clasificadas en compartimentos aislados. Claro, aislar los problemas y darles contención los hace más manejables, pero se corre el riesgo de perder una noción de continuidad.

En mi opinión, esta idea de continuidad es algo que nos falta mucho, sobre todo en Occidente, y creo que el arte siempre ha tenido, y tendrá, un papel central en el señalamiento de todo aquello que une o separa esa totalidad.

En las clases universitarias de humanidades se suele insistir en que el arte es absolutamente inseparable del contexto en el que surge: el artista y, sobre todo, su obra son un resultado ─así sea por oposición─ de las condiciones sociales, políticas, religiosas, filosóficas y materiales, entre muchas otras variables, en medio de las cuales acontecen.

En el pensamiento colectivo permanece aún con mucha fuerza la idea del arte como algo elevado (y no tanto en el sentido de algo importante o erudito sino más bien de aquello que no tiene los pies en la tierra) y la idea de la inspiración como cimiento, motor y razón fundamental del arte es casi hegemónica.

Ahora bien, aunque muchos de estos elementos no son nuevos y tienen raíces profundas que han cavado siglos, es interesante preguntarse porqué son conceptos tan longevos y si el mismo arte contemporáneo, muchas veces tan cercano al concepto que prescinde de la forma, no contribuye a perpetuarlos, mas no es esto lo que nos compete ahora.

El punto es que si bien aceptamos que el arte es, ante todo, un producto de la labor humana y, como sostuvo Tolstoy, un esfuerzo de un ser humano por comunicarse con otro(s), es interesante comprobar este principio en el casi repentino resurgimiento de la llamada canción protesta en medio de una coyuntura histórica tan crítica como la que estamos viviendo.

En una entrevista a Doris Salcedo por el periódico The Guardian, la artista colombiana afirma: “Puede que el arte no pueda explicar las cosas pero puede señalarlas“.

Crear consciencia de tanto dolor y olvido, sobre todo en un país como Colombia, es una de las virtudes potenciales del arte y una de las razones que lo justifican como una necesidad vital de toda sociedad.

Con proyectos como el álbum discutido, que aspiran a abarcar problemáticas globales, tal vez empecemos a recobrar esa noción, quizás primitiva y valiosa, de nuestros lazos como especie.

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