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En los zapatos de ellas

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El 25 de noviembre, día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres, un grupo de hombres caminamos en tacones para reflexionar sobre el papel que jugamos en la prevención y disminución de la violencia machista.

Por: José Alejandro Ruíz Forero*
Fotos: Samantha del Río

Nos pusimos en los zapatos de ellas

El viernes 25 de noviembre, día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres, tuvo lugar la primera marcha #EnSusZapatos en Bucaramanga. Ese viernes, un grupo de hombres caminamos en tacones desde la Concha Acústica hasta la plazoleta Luis Carlos Galán de esta ciudad. (Ver: El día en que me puse en los zapatos de ellas).

La idea era seguir los pasos de lo que se ha hecho en países como Australia, Canadá y el Reino Unido, para reflexionar sobre el papel que jugamos los hombres en la violencia contra las mujeres.

Todo nació en el seno de Educación Diversa S.A.S., organización que iniciamos en Colombia con mi esposa Lauren Cannell, después de vivir unos años en Australia. La empresa ofrece servicios en tres ejes: promoción de Derechos Humanos, educación para la salud sexual y reproductiva y prevención y mitigación de la violencia y el acoso escolar.

Pensamos en realizar una actividad para este 25 de noviembre teniendo en cuenta los tantos casos de mujeres agredidas por sus parejas o por personas cercanas a ellas. También, conociendo cómo influyen en esta clase de violencia culturas como la santandereana, caracterizadas por un profundo y arraigado machismo.

Otro punto de inflexión fue la agresión sufrida por María Isabel Covaleda a manos de su entonces pareja Camilo Sanclemente, difundida en diferentes medios de comunicación. Aunque no la conocía, ella es amiga de una compañera de la universidad, razón por la que su historia resultó cercana para mí.

En Australia tuve la oportunidad de conocer la organización White Ribbon, enfocada en generar conciencia entre los hombres sobre el rol que jugamos en la perpetuación, reproducción, reducción y erradicación de la violencia contra las mujeres.

Luego de que se hiciera público el caso de María Isabel, decidí involucrarme de lleno con White Ribbon Australia, con la idea de convertirme en un partidario de esta causa, soñando con establecer y consolidar un proyecto en nuestro país que replique el modelo de esta organización. (Ver: Hombres ¿feministas?)

Más hombres en tacones

Un día conversando sobre el tema con Lauren, mi esposa, ella me planteó la idea de hacer en Bucaramanga una versión de la marcha Walk a Mile en la que muchos hombres se ponen, literalmente, en los zapatos de ellas.

Me pareció una idea muy interesante y me ofrecí como el primero y -hasta ese momento- único hombre que caminaría el 25 de noviembre, en esta ciudad, en los zapatos de una mujer.

Nos pusimos en los zapatos de ellas

Sin embargo, la iniciativa comenzó a tomar forma. Contactamos a María Isabel, quien se encontraba liderando lo que sería el “25.11. El día que Colombia se quedó sin Mujeres”. Nuestra iniciativa le llamó la atención, así que nos puso en contacto con un grupo de artistas y comenzamos la convocatoria. (Ver: Más voces se suman contra la violencia de género).

Al comienzo no fue fácil. Durante varias semanas pensé que terminaría siendo el único en caminar, aunque esto no era un problema para mí, pues estoy comprometido con crear conciencia sobre la violencia contra las mujeres.

Gracias a la incansable labor de Lauren, quien recorrió gran parte de Bucaramanga consiguiendo zapatos de mujer de tallas grandes, entregando volantes y hablando con la gente, poco a poco se fueron sumando otras personas. (Ver: Me declaro admiradora del takoneo). 

Mi esposa recibió respuestas de todo tipo: desde personas que se burlaban por “maricas”, hasta quienes le hablaban de las agresiones que los hombres sufrían.

Hubo quienes le advirtieron a Lauren sobre la necesidad de tener mucho cuidado al trabajar esos temas. Nada de esto la hizo desfallecer de su iniciativa.

Por el contrario, logró convocar a varias personas que entendieron el mensaje y nos acompañaron en la marcha. Por redes sociales publicamos la invitación y los medios de comunicación locales la difundieron.

Ese día llegamos temprano a la Concha Acústica, el punto de encuentro. Nos encontramos con varios medios de comunicación interesados en cubrir la marcha. La Plataforma LGBTIQ Santander se había enterado del evento y varios de sus miembros decidieron participar. (Ver: En Santander también se reconoce la diversidad).

Nos pusimos en los zapatos de ellas

No pensamos que lograríamos convocar a más de cinco hombres y terminamos siendo 15. Varias mujeres nos acompañaron formando un grupo de más o menos 25 personas. Entre quienes llegaron estaba una señora de unos 80 años, quien participó con su hija.

Ella, luego de enterarse de la iniciativa por la prensa y de contarle a su hija, decidió que quería asistir y agradecernos por esta labor. Ese gesto ya era mucho más de lo que esperábamos. Antes de empezar, el objetivo ya se había cumplido.

Al iniciar el recorrido estábamos algo tímidos, pero poco a poco nos fuimos sintiendo más cómodos en nuestra labor (¡pero no en nuestros zapatos!). En términos generales, la reacción de la gente fue positiva.

las risas se transformaron en señales de aprobación cuando conocían los motivos de la marcha.

“En Colombia cada 13 minutos una mujer es víctima de algún tipo de agresión”, “Santander es la segunda región con más feminicidios en lo que va corrido del año”, “de los 47.248 incidentes de violencia de pareja en el país, 2.379 han sido reportados en Santander”, “las costumbres no justifican la violencia” y “deberían sentirse seguras cuando salen a la calle”, repetíamos.

Nos pusimos en los zapatos de ellas

Varias mujeres nos dieron las gracias y nos aplaudieron al pasar. Otras personas se unieron a la marcha. Recorrimos el paseo comercial, una concurrida zona peatonal en el centro de Bucaramanga, donde la gente salía de los locales para vernos y demostrarnos su apoyo.

Un mensaje importante

Tal vez las miradas más descalificadoras vinieron de tres soldados que pasaron a nuestro lado. Unos policías parecían desconcertados y no sabían si acercarse, detenernos o dejarnos continuar.

Reafirmamos nuestra convicción de que estábamos transmitiendo un mensaje importante de manera novedosa.

Al llegar a la Plazoleta Luis Carlos Galán, en frente del Palacio de Justicia, un grupo de mujeres nos esperaba para unirnos en torno a un círculo de rosas, buscando así visibilizar otra forma de violencia de la cual son víctimas las mujeres: la obstétrica. Nos quitamos los zapatos (¡por fin!) e hicimos un minuto de silencio en honor a las víctimas.

Nos pusimos en los zapatos de ellas

Superamos nuestras expectativas. Nos sorprendió la reacción positiva de la gente y desde ya comenzamos a planear la movilización del próximo año. Buscaremos que la iniciativa sea replicada en otras regiones del país.

Algunas personas me preguntaban por qué lo hacía: ¿por mi hija? ¿Por mi esposa? ¿Por mi madre? ¿Por mis amigas? Sí y no. Sí, porque no quiero que ninguna de ellas sea víctima de violencia o abuso. Y no, porque no es necesario estar rodeado de mujeres para saber que cualquier agresión es una forma inaceptable de resolver conflictos.

Es una lástima que en Colombia nos hayamos acostumbrado a creer que la violencia y la agresividad son parte de nuestra cultura y que este tipo de comportamientos son excusables, algunas veces glorificados y muchas veces celebrados.

Es una pena que algunos hombres en Colombia sigan pensando que su masculinidad se pone en entredicho si no se muestran violentos y agresivos.

Nos pusimos en los zapatos de ellas

Terminamos el día presentándonos durante la cátedra “Violencia de género y convivencia escolar”, un espacio de reflexión con futuros profesionales del derecho, con la satisfacción de haber enviado un mensaje claro y contundente, de manera algo divertida.

Ojalá todo esto también sirva para iniciar conversaciones sobre la importancia de que los hombres asumamos responsabilidades sobre cómo nuestros comportamientos contribuyan a perpetuar, reproducir, excusar o fomentar la violencia en general y, en particular, la que sufren las mujeres por el hecho de serlo.

En medio de esto, nos enteramos de la terrible noticia de otra joven bumanguesa golpeada y asesinada por un hombre que conocía, quien enterró su cuerpo en su casa en Barrancabermeja. Una trágica forma de recordarnos que tenemos mucho trabajo por hacer.

Más fotos de ese día:

Enlaces relacionados:

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Un mundo capaz de entender la diferencia
Soy raro
Me declaro admiradora del takoneo

*Cofundador de Educación Diversa.

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