Feminicidios, machismo, embarazos no deseados: todo está conectado con lo que nunca nos enseñaron sobre respeto y cuidado. Educación sexual también es hablar de libertad y responsabilidad. Este episodio de Sentiido te cuenta por qué reeducar a los adultos es el primer paso para cambiarlo todo.
No paran los casos de acoso en Transmilenio. En redes sociales se hizo viral un video en el que se ve a un grupo de mujeres defendiendo a una menor de edad que habría sido víctima de tocamientos por parte de un hombre. ¿Qué dicen los testigos? (Ver: “Todas tenemos amigas acosadas, pero nadie tiene un amigo acosador”).
Solo el año pasado, más de 110.000 adolescentes se convirtieron en madres. Colombia es el segundo país de Latinoamérica donde más embarazos adolescentes hay. Esto es gravísimo. Embarazos no deseados. (Ver: Son niñas, no madres).
Los directivos del colegio Gimnasio Castillo Campestre, donde estudiaba el joven de 16 años que se suicidó, al parecer por las presiones de las que era víctima por su condición sexual, negaron los señalamientos. La Fiscalía abrió una investigación sobre este conflicto. (Ver: “La muerte de Sergio Urrego nos deja muchas enseñanzas).
Colombia es el segundo país de Latinoamérica con más embarazos adolescentes.

“Los primeros que tenemos que educarnos o reeducarnos en sexualidad somos los adultos: profesores como directivas escolares, consejeros, legisladores, psicólogos y por supuesto, papás, mamás y acudientes”.
Muchas personas no ven una conexión entre estas noticias y la falta de educación sexual integral desde la primera infancia. Pero la relación es directa. Feminicidios, violencia doméstica, embarazo forzado en niñas y adolescentes, agresiones contra personas sexualmente diversas, abusos sexuales… (Ver: Colombia enfrenta una emergencia de violencia machista).
Y sumemos a eso también los micromachismos, la disparidad en los salarios de acuerdo al género, paternidades irresponsables… Todas estas son situaciones que pueden ser combatidas con ayuda de una educación basada en el respeto a sí mismo y a las demás personas. (Ver: Los retos de apostarles a otras masculinidades).
A estas alturas ya sabemos que educación sexual no es aprender únicamente sobre la fisiología del cuerpo y las maneras de prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual. Pero todavía muchas personas ignoran qué más debería estar en ese currículo para que sea realmente efectivo. (Ver: Todo lo que siempre quisiste saber sobre sexo y tu hijo sí se atrevió a preguntar).
Por eso, los primeros que tenemos que educarnos o mejor, reeducarnos en materia de sexualidad somos los adultos, tanto profesores como directivas escolares, consejeros, legisladores, psicólogos y, por supuesto, papás, mamás y acudientes, porque nunca es tarde para aprender. (Ver: Educación sexual en la infancia, justa y necesaria).
En realidad, nunca terminamos de aprender. Sentiido, organización que aporta conocimiento en género, diversidad y cambio social, les invita a escuchar el tercer y último podcast de nuestra serie sobre educación integral para la sexualidad. Soy Andrea Domínguez y esto es Reeducando a papá y mamá. (Ver: La educación sexual es un proceso, no una charla de un día).

“En realidad no tuve educación sexual. Estudié en un colegio católico en Pereira, donde ese tema no se abordaba y para mis padres también fue difícil, para ellos abordar estos temas“. (Ver: 6 respuestas para los opositores a la educación sexual).
“Tuve un padre mayor, por ende, en realidad no hay educación sexual y ese es el problema cuando no existe en las aulas a través de personas capacitadas. Muchas veces los padres no se atreven a hablar de ello y lo que terminas es educándote entre comillas, con los amigos o con Internet o a través de videos“.
Él es Alejandro García Ríos, representante a la Cámara por el departamento de Risaralda y ponente del proyecto sobre Educación Sexual Integral que fue debatido en el Congreso, pero que terminó siendo archivado por la fuerte campaña de desinformación liderada por bancadas conservadoras y religiosas.
A sus 37 años de edad, Alejandro reconoce que, con excepción de un par de charlas esporádicas dictadas en el colegio, nunca recibió educación sexual de calidad, a pesar de que cuando era estudiante ya estaba vigente la Ley 115, que en Colombia establece desde 1994 que todos los niños, niñas y adolescentes deben recibir educación sexual.
Es un derecho, pero como sabemos, del dicho al hecho hay mucho trecho. Por eso García defendía el Proyecto 229 que pretendía: uno, actualizar la ley para que tuviera un enfoque de género y diferencial más acorde con las necesidades actuales de la población colombiana.
Y dos, concretar las herramientas para que los maestros reciban entrenamiento, las familias participen en el proceso y las escuelas cuenten con los recursos económicos, materiales, didácticos y docentes formados en el tema para poder implementar la educación sexual integral.
Aunque el proyecto fue archivado, García no ha abandonado la idea de volverlo a presentar. Mientras tanto, se dedica a explicar por qué la educación sexual integral sigue siendo una necesidad imperiosa en nuestro país.
La Ley 115 establece, desde 1994, que en Colombia todos los niños, niñas y adolescentes deben recibir educación sexual.

En Colombia, uno de cada cuatro niños que nace es hijo de una madre adolescente, es decir, su madre tiene menos de 19 años y el embarazo adolescente es una trampa a la pobreza.
En Colombia, uno de cada cuatro niños que nace es hijo de una madre adolescente, es decir, su madre tiene menos de 19 años y el embarazo adolescente es una trampa a la pobreza, genera discriminación, genera deserción escolar, genera cambios en los proyectos de vida de las niñas, genera problemas en su entorno familiar y genera finalmente más pobreza.
Una de cada dos madres adolescentes en Colombia fue a su vez hija de una madre adolescente. Pero adicionalmente es un fenómeno completamente inequitativo: por un caso de embarazo adolescente de una niña de nivel socioeconómico alto, se presentan más de 64 casos de embarazo adolescente de una niña de nivel socioeconómico bajo. (Ver: “Papás y mamás están más a favor de la educación sexual de lo que se ha hecho creer”).
Y otro dato aterrador: en el año 2021 Colombia tuvo más de 110.000 casos de embarazos adolescentes, de los cuales casi 5000, repito, 5000 fueron en niñas que tenían entre diez y 14 años de edad.
¿Cómo no va a ser una necesidad llevar la educación sexual integral a todos los rincones de Colombia? Pero no sería suficiente con educar sobre métodos anticonceptivos, porque como vemos, muchos de estos embarazos son producto del abuso sexual.

Habría que implementar realmente un enfoque de género, ese que tanto asusta a sectores conservadores, pero que en realidad no es otra cosa que reconocer que las niñas, los niños y las mujeres, en un país machista como Colombia, padecen violencias específicas dirigidas contra ellos y ellas, justamente por ser niños, niñas y mujeres.
Pero estamos preparados como adultos para informar con bases sólidas sobre todo esto a nuestros hijos, estudiantes, sobrinos, nietos, ahijados.
Porque no es solo que los y las jóvenes no sepan de métodos anticonceptivos o de decisiones conscientes en sexualidad, sino que las mamás y los papás tampoco conocen del tema o muchas veces tienen miedo de hablar con la franqueza necesaria acerca de la sexualidad por temor a incitar a sus hijos e hijas a iniciarla de manera prematura.
Otro tanto ocurre con los docentes que no saben cómo abordar estos temas en el aula, así que no, la mayoría de los adultos no estamos preparados. Mariana Sanz de Santamaría, creadora y directora de la organización Poderosas, se dedica a la educación sexual integral, justamente por haber visto de primera mano esta realidad.
Recién graduada de la carrera de Derecho, se vinculó a una organización llamada “Enseña por Colombia” para irse un tiempo a una comunidad a enseñar. Finalmente, Mariana fue enviada a Barú en Cartagena.
No es solo que los y las jóvenes no sepan de métodos anticonceptivos o de decisiones conscientes en sexualidad, sino que las mamás y los papás tampoco conocen del tema.

“Mientras no enseñemos educación integral para la sexualidad, que nos permita tomar decisiones libres e informadas sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, será muy difícil cambiar el futuro”.
“Y ahí fui profe dos años en el colegio, en el único colegio público de este pueblo y era profe de varias materias. Y yo previo a esta experiencia no me había acercado, por lo menos no a profundidad, a temas de género, de equidad de género o de derechos sexuales y reproductivos“. (Ver: Educación sin prejuicios en cómic).
“Hasta que siendo profesora en una comunidad como esta, me di cuenta de la directa relación entre el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y el desempeño académico, las brechas de desigualdad y las trampas de pobreza y los ciclos de violencia”.
“Y me di cuenta que mientras no enseñáramos y no hubiera educación integral para la sexualidad, que nos permitiera tomar decisiones libres e informadas sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad y nuestra vida, era muy difícil cambiar el futuro predeterminado por un futuro alternativo y autónomo“.

Aunque Mariana tuvo la fortuna de crecer en una familia en la que se hablaba de sexualidad con naturalidad, sin tabúes y desde un enfoque positivo, ella recuerda que en su colegio también había falencias importantes.
“Y en el colegio sí recuerdo, claro, más o menos una vez al semestre, una vez al año, que nos hablaban de los riesgos de la sexualidad, pero nunca de las emociones, el cuidado del cuerpo, la autoestima, el placer, las relaciones y las normas sociales que hay alrededor de lo que implica la sexualidad. Eso siempre me hizo falta, en el colegio por lo menos”.
Y también al mirar para atrás, Mariana dice que mientras atravesaba la adolescencia le hubiera gustado tener más información sobre identidad, sobre los roles de género y cómo moldean nuestras experiencias como adolescentes.
“Que a esa edad, además, que se está construyendo tanto nuestra identidad, en la adolescencia, y que tenemos tantos miedos y tantas inseguridades que alguien nos hubiera enseñado, pues que hay muchas presiones que son ejercidas por unas normas sociales de género y que podemos cuestionarlas”.
“Eso hubiera sido liberador. Creo que para mí y para muchos de mis compañeros también. Conozco compañeros que en el colegio, desde el colegio, claro, sabían que eran homosexuales o que eran trans y que nunca en el colegio nadie les permitió ser”.
“Y no creo que solamente en términos de diversidad, sino en términos de autoestima y de salud mental, de manejo de emociones, de, de comprensión del erotismo y de las relaciones sexo-afectivas. Creo que me hubiera encantado poder tener espacios para hablar de eso con mayor profundidad y que no fuera solamente desde la prevención”.
Mariana dice que mientras atravesaba la adolescencia le hubiera gustado tener más información sobre identidad, sobre los roles de género y cómo moldean nuestras experiencias como adolescentes.

“Nunca nos enseñaron que existía una diversidad sexual. Nunca nos enseñaron que si yo no quería tener una relación sexual, podía decir ‘no'”.
Ahora imaginémonos: si la educación que les tocó recibir a Alejandro García y a Mariana Sanz hace dos décadas fue tan limitada frente a todos estos temas, ¿qué les habrá tocado vivir a tantos adultos que hoy en día tienen en sus manos tantas decisiones importantes relacionadas con la educación sexual en el país?
Como ejemplo, les presento el caso de Elvira Arango, una mujer de 64 años de edad, criada en un contexto muy conservador y religioso. Elvira vive en Medellín. Es enfermera de profesión. Católica, practicante y madre de dos hombres.
Actualmente, Elvira es además una de las líderes de la organización FAUDS (Familiares y Amigos Unidos por la Diversidad), que brinda apoyo a familias con hijas, hijos e hijes diversos. (Ver: “Cuando los hijos salen del clóset, los papás entran en él”).
“Mi clase de sexualidad se llamaba ‘Educación para el amor’. Y entonces uno escucha esa palabra, esa frase tan linda, en esa época tendría 14, 15 años, pues uno ahí uno se imaginaba, aquí fue, nos van a enseñar todo lo que uno no sabía y no se hablaba en la casa. Pero lo que nos enseñaban era a la hora de la verdad, era como ser unas buenas mamás y unas buenas amas de casa. Esa era la clase de educación para el amor“. (Ver: “Lo de menos es que mi hijo sea gay, lo importante es él como ser humano”).
“Entonces, realmente, nunca nos enseñaron que existía una diversidad sexual. Nunca nos enseñaron que si yo no quería tener una relación sexual, podía decir ‘no’. Siempre nos enseñaron que la mujer era la que tenía que esperar a que el novio llamara o los amigos lo buscaran a uno, el hombre, porque si yo como mujer lo hacía, me estaba pues era, no, pues era un escándalo, ¿cierto?”.
Por supuesto, Elvira no estaba preparada para transmitir una educación sexual completa ni empoderadora a sus hijos, mucho menos para acompañarlos cuando ellos, cada uno en su momento, le comunicaron que eran homosexuales.
En ese entonces, a Elvira se le sacudieron todas las estructuras que tenía en la cabeza. Le tomó un tiempo procesarlo, pero la experiencia la impulsó a desaprender todos los prejuicios, creencias y paradigmas que le había transmitido su entorno para poder aprender de nuevo, esta vez desde el conocimiento, la evidencia científica y la realidad de vida de sus hijos.

“Empezamos a buscar expertos en el tema y empezamos a estudiar. Empezamos a ir a convenciones de temas de sexualidad para nosotras aprender y poder desaprender la confusión que teníamos“.
Justamente el tema de la diversidad de género y sexual es uno de los más desconocidos para papás, mamás, acudientes y profesores. Es también uno de los temas que más asusta y moviliza iracundas cruzadas conservadoras, anti-educativas, que se alimentan en un miedo infundado: que se les va a motivar a las y los jóvenes a tener una vida promiscua o que se les va a incentivar a abortar, o que se les va a “homosexualizar” o a convertir en personas trans, como si todo esto fuera posible.
Pero contrario al ruido que hacen estas campañas de desinformación que hablan de “rayos homosexualizadores”, la sexualidad es un tema del que la mayoría de las familias sí quiere aprender y sin tabúes.
Una encuesta liderada por Sentiido e implementada por Data Conceptos a principios de 2024, indicó que 95% de los papás y mamás están de acuerdo con la educación sexual y que 90% están a favor de la igualdad de derechos para las personas LGBTIQ. (Ver: Papás y mamás de Colombia: sí a la educación sexual y a los derechos LGBTIQ).
Incluir el tema de la diversidad en la educación sexual es esencial no solo para la salud mental y la vida de los estudiantes LGBTIQ, pues a veces el bullying por orientación sexual o identidad de género llega a ser tan fuerte que las personas terminan desertando del colegio o peor, cometiendo suicidio. (Ver: El bullying por homofobia debe salir del clóset).
Pero no, no es importante solo para ellos. También es importante para el clima escolar, la convivencia y la construcción de un modelo pacífico de sociedad en el que se respeten los derechos de toda la ciudadanía.
Cuando estaba diseñando su currículo que dio origen luego a la organización Poderosas, Mariana Sanz pensaba en cómo acercarse a la juventud de una manera que le permitiera crear puentes con ellos y ellas. Se le ocurrió algo que ha sido de gran utilidad en los talleres que dicta su organización y que podría ser replicado por todos los adultos involucrados en la educación sexual de adolescentes.
Contrario al ruido que hacen las campañas de desinformación que hablan de “rayos homosexualizadores”, la sexualidad es un tema del que la mayoría de las familias sí quiere aprender y sin tabúes.

“Al principio tenía miedo de enfrentar a los padres, pero me fui dando cuenta que la resistencia de muchas familias, viene de ese miedo y que lo que más quieren es aprender“.
“Lo más importante de la educación sexual es construir un espacio seguro para hablar de estos temas que nos atraviesan de forma tan profunda. Porque la educación sexual no es hablar de matemáticas. Yo no te voy a enseñar a uno más uno es igual a dos y ya ahí te vas. No. Te voy a hablar de cosas que atraviesan tu experiencia, atraviesan tu vida, atraviesan tu contexto, atraviesan tu familia, atraviesan tu identidad, atraviesan tu cuerpo“.
“Por tanto, hay que hablarlo distinto y enseñarlo distinto. Y para eso tenemos que estar en un espacio seguro, para poder hablarlo, preguntarlo, cuestionarlo y la forma, la mejor forma de construir un espacio seguro es ponerte de ejemplo de vulnerabilidad y decir yo, yo también tuve mi primera menstruación. A mí también me asustó la primera vez que me manché“.
Aparte de crear un espacio seguro para que las y los jóvenes puedan hablar de cualquier tema que les inquiete, también es importante crear puentes con los papás y las mamás, involucrarlos en las formaciones y ayudarles a ver, sin juzgarlos, que no tienen la culpa de haber recibido una mala o nula educación sexual, pero que pueden reemplazar ese miedo que les da por no saber de un tema, por una actitud más sana de aprender junto a sus hijos e hijas.
“Al principio tenía mucho miedo de enfrentar a los padres, como las primeras veces que empecé a hablar de esto, pero me fui dando cuenta que, que la resistencia de muchos, de muchas familias, viene precisamente de ese miedo y que lo que más quieren es también aprender”.
Y ver y desatanizar como la resistencia de los padres y madres, creo que es el primer paso y, y hacer un ejercicio intencional y deliberado de acercarnos a las familias y, y decirles vengan y hagan parte de este proceso, porque también quieren”.
Porque lo que impera en muchísimas familias es el silencio y la ignorancia. Y de ahí vienen las herramientas con las que se maneja en casa el tema de la sexualidad: prohibición, castigo, negación. Pero según Mariana, hay que hacerles ver a los papás y mamás lo poco eficientes que son estas herramientas y entender sus posturas.
Y decirles: “no es culpa de ustedes, que estas son las herramientas que tienen, pero las podemos, podemos hacer un cambio generacional al darnos cuenta que esas son las herramientas que no funcionan, que el miedo, que el tabú, que el silencio, que el castigo no funcionan“.
“Y eso implica desaprender y desaprender es dificilísimo. Es miedosísimo, pero también es muy lindo porque es liberador. Y enfrentarse, entonces, ¿pero cómo hablo de esto con mi…? Hablando. Y quizás una buena forma de empezar a hablar es: ‘no sé cómo hablar de esto contigo, pero quiero que aprendamos juntas‘”.
En ello, Elvira Arango, quien nos hablaba anteriormente sobre la educación sexual que recibió y Claudia López, también integrante de FAUDS y mamá de un hijo trans, han hecho un trabajo enorme, primero en ellas, y luego ayudando a las familias que se les acercan en busca de apoyo. (Ver: “Dejemos que nuestros hijos vivan su vida y no nuestros sueños”).
Muchas veces papás y mamás replican comportamientos, juicios y valores que ellos mismos nunca cuestionaron, como cuando se enojan con sus hijos porque manifiestan tener una orientación sexual diversa o una identidad de género diferente a las mayoritarias.
Entonces, los padres reclaman diciendo: “ahora resulta que después de grande, a los 15, me sale con que es gay“. Y cuando los padres de familia le cuentan esto a Claudia…
Lo que impera en muchísimas familias es el silencio y la ignorancia.
“Si hay una película con una escena erótica, no cambie el canal, quédese y converse alrededor de la escena erótica”.
“Yo siempre les devuelvo la pregunta: ¿y vos a qué tiempo de tu vida te diste cuenta de tu orientación sexual? ¿Cómo la descubriste? Ah, no, pues es que era obvio. No, no era obvio. Cuéntame cuando la descubriste y cuando esa respuesta del otro lado llega… No cuando tenía como 14, también como 12, 13 años… Ah, bueno, entonces igual la descubrieron en el mismo momento, porque la naturaleza es así“.
“Entonces se descubre, entonces cuando esas preocupaciones se las llevamos a la vida de ellos en, mirando por el retrovisor, ellos se van dando cuenta que esas respuestas también las tienen, pero como no se conversan o las evadimos, ahí está también el asunto“.
Además, agrega Claudia, otra cosa que debemos enfrentar los papás y mamás es el miedo a hablar de cualquier tema que nos parezca incómodo.
“Si hay una película y en esa película hay una escena erótica, no cambie el canal, quédese ahí viendo la escena erótica, converse alrededor de la escena erótica. ¿Cierto? Pero como le corremos, ¿cierto?“.
“Sale la escena erótica y lo primero que hacemos es toser y cambiar el canal para que no se, no se converse y nos morimos del susto que nos vaya a preguntar algo a alguno de los que estamos ahí en la sala“.
Todo eso a nivel personal y familiar. A nivel social, en el ámbito del debate público también hay unas barreras que es necesario atravesar por el bien de los niños, niñas y adolescentes y, a la larga, por el bien del país.
Cuando se debaten estos temas en el Congreso, por ejemplo, o en otros foros públicos, surgen las posiciones extremas y entran a circular teorías conspiratorias y mentiras que alimentan el miedo y al final terminan bloqueando iniciativas centrales para la salud física y emocional de la infancia y la juventud.
El proyecto de Ley 229, defendido por Alejandro García, fue atacado vehementemente por grupos conservadores y religiosos, católicos y cristianos, que lo acusaban de quererle arrebatar a los padres y madres su derecho de educar a sus propios hijos, lo cual es falso.
Tanto que surgió un contraproyecto titulado: “Los padres eligen”. Este proyecto que también fue archivado, sería inconstitucional porque el derecho a la educación en la infancia y adolescencia tiene que ser garantizado por el Estado en absolutamente todos los niños, niñas y jóvenes del país. Pero además, no era verdad que el Proyecto 229 fuera aislar a las familias del proceso de educación sexual de sus hijos.
“También la educación sexual es progresiva. Entonces, lo primero que se tiene que identificar es su cuerpo y bueno a partir de esto irá, irá generándose un proceso educativo conforme a la edad“.
“Parte de la situación de desinformación que se generó en contra del proyecto, pues fue como esto del ‘rayo homosexualizador’ o bueno, estas vainas que no tienen ningún sentido, pero que sí se va a actualizar el pensum o la cátedra para educar en diversidad, para promover el respeto y la tolerancia, para prevenir violencias basadas en género. Porque esta violencia es producto de la intolerancia que surge del desconocimiento y pues claramente hay que promover el respeto hacia los demás“.
Por eso es importante continuar con la pedagogía en adultos para que la próxima vez que se escuche por ahí sobre “rayos homosexualizador” o “clases de masturbación para niños de primaria”, las personas sepan que esto es una mentira que busca generar pánico para congelar cualquier esfuerzo de implementar la educación sexual integral.
Una educación que, además, es gradual y va de acuerdo con las etapas del desarrollo. Por eso, cuando un día realmente se implemente de manera completa la educación sexual integral y se llegue al módulo de diversidad, será cuando el alumnado haya alcanzado la madurez necesaria para comprender que existe la diversidad sexual y de género en el mundo y que es un deber ciudadano reconocerla.
“El derecho a la educación en la infancia y adolescencia tiene que ser garantizado por el Estado en todos los niños, niñas y jóvenes del país”.
“Existe este ideal del valor de la mujer sumisa, cuidadora y obediente, que no muestra su deseo sexual, que tiene un marido y son fieles y esperan hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales y tener hijos”.
“Lo que estamos buscando es que se genere tolerancia y aceptación y entendimiento frente al otro. Educar en diversidad. Pero para prevenir el bullying, para prevenir el maltrato o el acoso escolar. Para prevenir todo esto“.
Por supuesto, es necesario seguir aproximando posturas en lugar de buscar polarizaciones. Y eso pasa por entender qué hay detrás de estos miedos tan arraigados frente a los enfoques de género y diversidad. Mariana ha podido conocer mucho más de esto a través de sus talleres con padres y madres.
“Es un miedo alrededor de que hay este ideal de el valor de la mujer es sumisa, cuidadora y obediente y no muestra su deseo sexual y tiene un marido y son fieles el uno con el otro y esperan hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, para tener hijos. Y como todos los valores que están alrededor de esta narrativa muy católica“.
“Y es curioso porque no sé qué porcentaje de las familias en Colombia cumplen con, con esta estructura. Pero aún, pero hay una idealización que cumplir con esos, con esas, pues con esa configuración de familia y de valores como de, de castidad, de pureza, de familia, de respeto, de, de lo que es natural, pues el hombre con la mujer. Hay una esperanza que eso genera como libertad de pecado y eso genera como salvación. Pues que eso lo trae la religión, ¿no?“.
Lo curioso es que a pesar de estos valores morales tan arraigados en el cristianismo, frente a la castidad femenina, la virginidad, la heterosexualidad, en realidad muchas de estas cosas ya no hacen parte de la vida de los colombianos.
Por ejemplo, según una encuesta realizada por la Universidad de los Andes, entre 2010 y 2016, el porcentaje de madres solteras pasó del 35% al 39% en las ciudades y de acuerdo con el DANE, en el país hay más de 12 millones de mamás que crían a sus hijos solas, ya sea porque nunca han tenido un compañero o porque ya no hace parte del hogar.
“No, pues no sé cuál es el porcentaje de familias que llegaron vírgenes al matrimonio. En fin, somos un país de madres solteras y madres adolescentes, pero esa narrativa sigue ahí“.
Y la otra idea recurrente que Mariana ha detectado en estos miedos a permitir acceso a la educación sexual integral, es el miedo a propiciar un libertinaje descontrolado. El miedo a que si se habla de un determinado tema se le abra la puerta a todo tipo de conductas.
“Y eso también viene de un miedo, pues claro, de papás y mamás que no quieren que su hija quede en embarazo, que no quieren que su hija se salga de la casa. Cuando no hablar de esto es precisamente lo que genera que pase eso, ¿no?“.
“Hmmm, entonces pues es, es, eso, eso por, por otro lado. Y hay otra narrativa que es muy de mantener las cosas como están porque así es como las conocemos. Y el miedo a lo desconocido, es decir, el miedo a hablar de lo que no se habla, el miedo a, a aceptar la diversidad o a aceptar que los adolescentes tienen sexualidad y demás“.
“Detrás del miedo a permitir una educación sexual integral, está el miedo a propiciar un libertinaje descontrolado. El miedo a que si se habla de un determinado tema se le abra la puerta a todo tipo de conductas”.
“Cuando hay un embarazo adolescente, cuando hay un suicidio por discriminación, cuando hay violencia de género, la culpa es de todos los adultos que estuvimos alrededor y no hicimos nada al respecto”.
Pero los costos de no aprender sobre estos temas o de hablar desde el punto de vista enjuiciador, pueden ser devastadores para los jóvenes. Y la alternativa frente a los temas que nos enfrentan como sociedad no puede ser el silencio.
“Si un profesor le dice a un estudiante que es homosexual, que él tiene un problema y que está enfermo, eso lo va a marcar para siempre. Así como si un profesor o una profesora le dice que está bien amar y sentir atracción por alguien del mismo sexo, también le va a cambiar la vida para siempre. Y eso puede significar o que una persona se suicide o que una persona puede vivir una vida plena. Y entonces pues el rol de los adultos es todo“.
“Yo creo que cuando hay un embarazo adolescente, cuando hay un suicidio por discriminación, cuando hay violencia de género, la culpa es de todos los adultos que estuvimos alrededor y que no hicimos nada al respecto o que no enseñamos a deconstruir esas normas que aún nos rigen“.
Para poder desenmarañar el “cómo” de un proceso tan complejo como desactivar los miedos y fobias sociales y los prejuicios transmitidos por generaciones, regresamos a la valiosa experiencia de Claudia López y Elvira Arango, dos mamás que lograron superar sus propias limitaciones frente a este tema e ir más allá de lo que les habían enseñado en sus hogares desde pequeñas para abrirse a lo que sus hijos les estaban tratando de expresar.
Como lo dice Elvira: “les enseñamos mucho los papás y las mamás, que los temas no los hablen desde la emoción, sino desde la razón y pa’ poderlos hablar desde la razón tienen que tener el conocimiento. Entonces, nosotras recomendamos muchas películas y libros, ¿cierto?“.
“Entonces, si no estás preparado para hablar porque todavía emocionalmente no sos capaz, es que te falta todavía desaprender cosas, ¿cierto? Entonces, una de las recomendaciones que les damos a los papás es: infórmate primero, estudia primero y en el encuentro personalizado eso es lo que hacemos nosotras: enseñarles todos estos temas de la diversidad sexual para que puedan tener conversaciones afectivas y efectivas con los hijos, porque si no eso se vuelve un un melodrama”.
Cuestionar los propios prejuicios y abrirse al conocimiento no significa dejar de lado a la comunidad religiosa a la que uno pertenece o abandonar su fe. Significa más bien cuestionar las inconsistencias y las normas impuestas que están causando dolor.
En el caso de Elvira, por ejemplo, la fe en un Dios de amor y la cercanía con sacerdotes y personas de la Iglesia tolerantes hacia la diversidad, le ayudaron a navegar los tiempos difíciles.
“Las dificultades más grandes son las creencias religiosas y eso es un muro pero duro de roer. Pero nosotras también nos hemos documentado mucho en los temas, desde la teología y desde las partes religiosas. Entonces eso nos ayuda mucho y tenemos sacerdotes y pastores aliados que nos ayudan en el tema“.
“Les enseñamos a papás y mamás que no hablen desde la emoción, sino desde la razón y para poder hacerlo tienen que tener conocimiento”.
“No solo los hijos se benefician de las conversaciones sin tabús y desde el conocimiento. También se benefician las familias y las relaciones de pareja”.
Además, no solo los hijos se benefician de tener estas conversaciones sin tabús y desde el conocimiento. También se benefician las familias, las relaciones de pareja, la propia vida sexual de papás y mamás que nunca tuvieron acceso a información de calidad.
“Cómo yo también transformo mi propia realidad de mi sexualidad y comienzo a tener un, un tema del disfrute más saludable. Puedo decir que quiero y que no quiero cuando quiero y cuando no quiero“.
“Puedo permitirme tener esas conversaciones con mi pareja de una manera amorosa, diferente, cuando primero muy seguramente eso no, no pasaba. Y yo a veces incluso a mí me gustan mucho cuando llegan la pareja, cuando llega papá y mamá a hacer el encuentro personalizado, porque yo también ahí aprovecho para retarlos un poquito para que ellos dos conversen de esos asuntos sin necesidad que sea de la diversidad sexual de sus hijos, sino de sus propios vivencias de ellos como seres humanos con su sexualidad, qué tanto conocen uno del otro o de ellos mismos. Y la conclusión es la, la que te digo: que bueno haber tenido este conocimiento o esta información en otro momento de la vida“.
Así que mamás, papás, profes, tíos, abuelos, señores y señoras congresistas, a comportarnos con la madurez que requiere el asunto. A estudiar. A juzgar menos, a escuchar más y a pensar en lo que nos manda nuestra Constitución: los derechos de las niñas, los niños y los adolescentes están por encima de todo.
“La sexualidad no se enseña en una cartilla, como cuando mi mamá me entregó un librito y me dijo estúdiese aquí todo eso cuando yo estaba en 11, en sexto bachillerato se decía en mi época. No, la sexualidad se enseña cuando yo doy un ejemplo en un problema de matemáticas y pongo María y Juanita salieron a comprar la leche de su hijo Pedro“.
“Ahí estoy enseñando sexualidad, estoy enseñando sexualidad cuando hablo de valores, respeto, respeto qué es: coherencia con el actuar. Entonces, si estamos hablando de respeto por personas de diferentes etnias, diferentes razas, también estoy hablando de respeto de una, ante una persona no binaria, por ejemplo”.
“Eh, creo que que a nivel político a veces nos confundimos y le metemos mucho tema político, hmmm más que humano a estos temas. Entonces yo creo que si uno ve esta parte de la educación en los colegios, por ejemplo, a los primeros que hay que educar en sexualidad es a los papás de los alumnos, a los profesores y al área administrativa y a los últimos, a los alumnos y a las alumnas del colegio“.
“¿Por qué? Porque como les decía yo, ahora, hoy en día los jóvenes tienen la información en la mano. Tienen el conocimiento en la mano y nosotros no. Entonces, si queremos mejorar la calidad humana, la salud mental de los jóvenes y de los papás, y de las mamás y de la población en general, tenemos que educar en el tema. Nosotras somos unas convencidas que el amor sin condiciones, da felicidad, pero el conocimiento da tranquilidad“.
Este fue un podcast de Sentiido. Gracias por escuchar.
Este podcast hace parte de la serie #AlOiidoConSentiido. Investigación y entrevistas: Rodrigo Rodríguez y Andrea Domínguez. Guion y narración: Andrea Domínguez. Edición: Rodrigo Rodríguez de Loro Podcast.
Las canciones que escucharon en este episodio son:
– Quiktrip in the Stratosphere de I Think I Can Help You.
– Creep de Emmit Fenn.
– Sinester Cathedral de Asher Fulero.
– Tides de Windows of Ken.
– Sunshine Samba de The Chris Haugen.
– Krishna’s Calliope de Jesse Gallagher.
– Springfield de Godmode.
– Lake Jupiter de John Patitucci.
– Either de Density and Time.
– Fairy Meeting de Emily A. Sprague.
Estas canciones y los efectos de sonido que escucharon a lo largo del episodio son usados bajo la licencia Creative Commons. Gracias a nuestros invitados por compartir sus conocimientos y experiencias. Y muchas gracias a ustedes por escuchar.
“Si hablamos de respeto por personas de diferentes etnias y colores de piel, también estamos hablando de respeto frente a una persona no binaria“.
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Espectacular el podcast, muy acertado, pedagógicamente bien pensado, la narradora esta muy ajustada a su papel, gracias por este trabajo, lo necesitamos bastante