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Hombres ¿feministas?

Género, diversidad sexual y cambio social.
Hombres feministas
Brando Flores. Foto: Archivo particular.

Brando Flores

Historiador. Coordinador del área de innovación social y participación ciudadana del Instituto de liderazgo Simone de Beauvoir, en México.

“Hablar de ‘hombre feminista’ significa que no estoy renunciando a la masculinidad tal como hoy la conocemos”.

Llegó al feminismo cuando tenía 16 años y les ayudaba a unos abogados responsables de litigar casos de trabajadoras sexuales en la zona de La Merced en Ciudad de México. Posteriormente conoció a feministas de larga trayectoria como Marta Lamas o Patricia Mercado y, a partir de los 20 años, se metió de lleno a aprender del tema.

A los 28 años se vinculó al Instituto de liderazgo Simone de Beauvoir, inicialmente como coordinador de una red de derechos sexuales y reproductivos. Su cargo actual es coordinador del área de innovación social y participación ciudadana.

Brando considera que a muchas personas les cuesta entender que un hombre se defina como feminista porque no comprenden la dimensión del término. En esto tienen que ver todos los frentes que han contribuido a satanizar la palabra “feminista”. Incluso hay mujeres que dicen no serlo.

En su opinión, falta entender que el feminismo busca igualdad, un objetivo al que muchas personas aspiran. Por eso cree que hay que trabajar en un proceso de reflexión sobre qué es y qué busca el feminismo para que cada quien se pregunté en qué lugar está.

1. Hace unos días en una entrevista en el portal La Silla Vacía, la psicóloga y feminista Florence Thomas dijo: “ningún hombre puede ser feminista, pero sí pueden ser solidarios”. ¿Qué opina de esta afirmación?

No apoyo la expresión “hombre feminista”. Creo en la palabra “feminista” porque si hablo de “hombre feminista” quiere decir que no he renunciando a la masculinidad tal como la conocemos, un modelo heteronormativo que rige gran parte de nuestros acuerdos sociales.

“No se puede hablar de ‘hombres feministas’ sino de ‘feministas’ o personas que buscan un mundo más igualitario”.

Asumirse como feminista implica ver el mundo con otros lentes y eso es lo que más trabajo cuesta, pero una vez la persona empieza a reconstruir la masculinidad, a revisar los aspectos por cambiar y a entender que este mundo ha sido construido por y para hombres, se vuelve solidario. Cuando se entra con pasión a trabajar en estos temas, se apoya la idea de ser solidarios y de renunciar a los privilegios de la masculinidad.

2. La periodista Catalina Ruiz-Navarro expresó en una columna que cualquier persona, incluidos los hombres, pueden ser feministas siempre y cuando estén dispuestos a desmantelar las discriminaciones y desigualdades en todos los aspectos de su vida. ¿Qué opina de esta posición?

Justamente se trata de renunciar a muchos tipos de violencia que ejercemos de manera consciente o inconsciente contra las mujeres. Es tender puentes en la búsqueda de la igualdad y un ejemplo de esto es cómo la discusión de las tareas de cuidado empieza a volverse parte de las agendas de los países y de los organismos internacionales.

Ahí está el cambio no solo hacia mejores condiciones de vida y hacia una igualdad palpable, sino hacia el desarrollo sostenible de las naciones. Si no nos damos cuenta de los cambios que implica la llegada de las mujeres al mundo laboral y a la política, entre otros, estamos destinados a fracasar como países.

Esto implica renunciar a esa visión de la masculinidad y tender puentes con nuevas formas de asumirnos en igualdad. Hay muchas formas de vivir el feminismo, pero en principio hay que renunciar a los privilegios de ese mundo construido desde la masculinidad.

3. ¿Qué opina de la idea de que no les corresponde a los hombres discutir hacia dónde deben ir los feminismos, sino que el principal deber de un hombre feminista es auto evaluarse para evitar comportamientos discriminadores?

Podemos opinar pero no nos corresponde encabezar esos procesos. Podemos acompañar, pero lo primero es hacer un ejercicio de reflexión. Y esa es una labor ardua. Después de eso ya estaríamos en condición de acompañar y de, eventualmente, sugerir algún rumbo hacia visiones de igualdad, no hacia otro lado.

En Estados Unidos, por ejemplo, no fue la voz de una persona blanca, de un sector privilegiado, la que encabezó el movimiento por los derechos civiles de las personas afro. En este caso, el primer paso es renunciar a la manera como hemos construido el mundo y que los hombres dejen de asumir el lugar de víctimas cuando se proponen cambios.

4. Algunas personas coinciden en que no les compete a los hombres decir si pueden o no formar parte de la lucha por la igualdad de género sino que este es un asunto exclusivamente femenino. ¿Qué opina al respecto?

Podemos aportar, pero no nos corresponde tomar la voz de esta causa, sino asumir procesos de reflexión, acompañar y ser solidarios para que las decisiones que se tomen nos lleven a un punto de igualdad. A pesar de todo el trabajo que podamos hacer como feministas, debemos entender nuestro lugar en este movimiento.

5. ¿De qué manera cree que los hombres pueden aportar a darle un nuevo significado a ser hombre y a trabajar en temas como las nuevas masculinidades?

Una manera es mediante un ejercicio interno de reflexión diario para después poner en práctica lo aprendido, porque todos los días de manera consciente o inconsciente se puede ejercer algún tipo de violencia machista.

También es posible asumir nuevos roles como pareja, hijo, hermano y ejerciendo tareas de cuidado que normalmente se cuestionan si las hacen los hombres por haber sido arbitrariamente asignadas a las mujeres.

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