Primer episodio del especial en podcast de Sentiido “Identidades Gozosas”, una serie para explorar lo que muchas veces no nos enseñaron: el goce, el placer y la felicidad de ser quienes somos.
Hola, gracias por darle play a este momento. Te doy la bienvenida al primer episodio de Identidades Gozosas, una serie de Sentiido para explorar eso que muchas veces no nos enseñaron: el goce, el placer y la dignidad de ser quienes somos. (Ver: El gozo de ser queer).
Si estás aquí es porque algo en tu corazón o en tu historia se ha preguntado cómo se siente vivir una vida plena cuando el mundo parece empeñado en decirte que no existes. Vivimos en una época en la que cada vez más personas trans, no binarias y con discapacidad, son atacadas por el simple hecho de existir. Leyes que intentan borrarnos, campañas que quieren silenciarnos. (Ver: Alanis Bello: no quiero ser un hombre ni una mujer).
Y sin embargo, aquí estamos, vivas, vives, deseando, resistiendo y gozando. Este espacio es una invitación a imaginar otra narrativa, una que no ignore el dolor, pero que no se quede ahí. (Ver: “Mi cuerpo es un tanque de guerra pintado de rosa”).
“Vivimos en una época en la que cada vez más personas trans, no binarias y con discapacidad, son atacadas por el simple hecho de existir. Leyes que intentan borrarnos, campañas que quieren silenciarnos”.
“Soy Alanis Bello. Soy una persona no binaria, activista de la disidencia sexual, educadora comunitaria y, sobre todo, una persona convencida de que nuestras vidas merecen ser contadas desde el gozo”.
Queremos hablar de lo que pasa cuando el dolor se transforma en comunidad, cuando la vergüenza se convierte en orgullo y cuando los cuerpos que antes se escondían, aprenden a bailar, a reír, a amar sin permiso. (Ver: Yo, monstruo mío).
Yo soy Alanis Bello. Soy una persona no binaria, activista de la disidencia sexual, educadora comunitaria y, sobre todo, una persona convencida de que nuestras vidas merecen ser contadas desde el gozo. (Ver: Los súper poderes del feminismo transincluyente).
Hoy me acompañan dos personas que me han enseñado mucho sobre eso: Li Cuellar, directore de Sentiido. Hola. Hola Li. Y Amarantha Wass Suárez, activista transfeminista, educadora y cofundadora de Cuerpos en Resistencia. Huuuu. Holanda. (Ver: “Se te cayó esta etiqueta”: el humor que libera, sana y transforma).
Hola belleza. Bueno, chiques. Antes de arrancar me gustaría que nos cuenten cómo quieren ser nombrades, qué pronombres usan y cuéntennos quiénes están siendo hoy ustedes. (Ver: Yo marcho trans todo el año).
Holandaa, de nuevo. Mi nombre es Amarantha Wass. Yo soy ciega desde los dos años, travesti de nacimiento. Quien me respeta me trata en femenino. Entonces, bueno, creo que mis pronombres son ella y, bueno, actualmente soy educadora comunitaria de la Universidad Pedagógica Nacional. Hago parte y cofundadora de la Asociación El Arca y la Fundación Cuerpos en Resistencia.
Muchas gracias Amarantha. Bienvenide Li. Cuéntanos. Hola, soy Li Cuéllar, mi pronombre es elle. Soy directore y cofundadore de Sentiido y también camino montañas. Amo los perros y hago collage. (Ver: Sentiido: un escenario para imaginar futuros más libres).
Súper. Bienvenides. Muchas gracias por estar hoy con Identidades Gozosas. Es un placer contar con ustedes el día de hoy y queremos empezar con una pregunta que es muy sencilla pero que también a la vez es muy profunda: ¿Dónde encontramos el gozo cuando el mundo parece no tener espacio para personas como nosotres? (Ver: Un nuevo personaje llega a Sentiido: La Nerdilla).
“Soy Li Cuéllar. Soy directore y cofundadore de Sentiido y también camino montañas. Amo los perros y hago collage“.
“Como ciega travesti una se encuentra todo el tiempo con personas que dicen: “marica, ¿qué clase de existencia es esa?“.
Yo creo que el goce se encuentra desde lugares muy cotidianos. Digamos que, claro, como ciega travesti una se encuentra todo el tiempo con personas que dicen como: “marica, ¿qué clase de existencia es esa?“. O sea, como ciega, travesti… (Ver: La Mocha: un bachillerato popular travesti-trans).
Son lugares sociales que todavía tienen un contenido moral y social muy “pordebajeado” porque la gente no quiere vivir este tipo de vidas. Yo quisiera decir que, pues, bueno, no todos los días soy la más feliz. Digamos que una se encuentra todo el tiempo con personas que dicen como: “ay usted cieguita. Y yo que me quejo de todo“. (Ver: “El nuestro ha sido el lenguaje del amor”).
Y en realidad lo que esconden detrás de ese discurso es que están refiriéndose a que ellos, bajo la ceguera, no se leerían como personas felices o como personas dignas de vivir una vida digna, valga la redundancia. (Ver: Hombres gais: no valgo menos por tener una discapacidad).
Pero, entonces, eso, decir que pues las personas ciegas travestis existimos bajo un lugar donde tenemos penas, dolores, depresiones, traumas, dramas, pero también tenemos gozos, plenitudes, digamos que una también, o sea, no todos los días uno se levanta con el drama. Entonces, hay días donde uno se levanta feliz, gozosa de la vida, a comerse el mundo. (Ver: “Necesitamos apagar juntos el mismo incendio”).
Entonces yo diría que eso se refleja, en realidad, no solo en la actitud, sino en realidad también dentro de, claro, se traza mucho dentro de las brechas sociales que existen. Hay días donde una se levanta dispuesta a ganarse el dinero que necesita para subsistir. Hay días donde una se levanta dispuesta a decir: pues, bueno, hoy el día es mío. (Ver: Soy raro).
Gracias Amarantha. Eso que nos dices es muy hermoso y es plantarle cara también como a un montón de normas, de estereotipos, de cosas que nos hacen sentir que nuestras vidas no son deseables, ¿no? Li, yo quisiera que nos contaras cómo, cómo hacerle frente a esto, cómo demostrarle al mundo que estas vidas son importantes, necesarias, gozosas. (Ver: “Desde muy temprana edad Felipe me decía, de muchas formas, que era Antonia”).
“Hay días donde una se levanta dispuesta a ganarse el dinero que necesita para subsistir y dispuesta a decir: hoy el día es mío”.
“Sé que muchas personas no cuentan con ese privilegio con el que yo he contado de tener a mi mamá y a mi familia apoyándome. Y creo que las redes de apoyo son una confirmación de la manera como podemos hacerle frente a las dificultades”.
¿Eh? Yo creo que para mí algo muy, muy hermoso que me ha enseñado ser una persona diferente a la norma, es encontrar tantas posibilidades de conectar, las redes de apoyo, la amistad, creo que para mí ha sido la amistad un sostén. (Ver: Reeducar a papá y mamá).
Sé que muchas personas no cuentan con esa, ese privilegio que con el que he contado yo, también tener a mi mamá, mi familia apoyándome. Y creo que las redes de apoyo cada vez para mí son más una confirmación de la manera como podemos hacerle frente a las dificultades en esta vida. (Ver: “Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT”).
También hay algo que siento que a mí me ha sostenido un montón y que yo en algún momento no lo validé tanto. Pero recuerdo en segundo de primaria haber izado bandera por creatividad y como que en ese momento quizás no lo entendí.
Y para mí ahoritica, la creatividad es un motor del universo y creo que muchas veces pasa que las personas LGBT y, las personas disidentes del género, hemos tenido que ser creativas en muchos espacios y en, de muchas maneras, inventarnos nuestros trabajos, inventarnos nuevas formas de ser amigues, inventarnos la forma como queremos vestirnos, como queremos que la gente nos reconozca, nos identifique. (Ver: “Que nadie te diga que no”: el cine transfeminista de Gaby Castillo).
Y creo que esa creatividad ha sido un gran motor del mundo y quiero honrarlo y celebrarlo como una parte del goce de ser las personas que somos. Cada persona en su, en su propia experiencia vital de transitar el género, seguramente ha tenido que apelar a la creatividad en algún momento.
Ay yo quiero sumar algo chiquito con lo que me hace pensar Li y es como, claro, es que desde los lugares capacitistas, clasistas y machistas se ha estandarizado que una no tiene una vida digna si está afuera de esos lugares, como que si yo no tengo la familia de paquetes y yo no tengo los lugares de existencia que se creen necesarios para una ser feliz, entonces soy infeliz y en realidad creo que no, creo que hay lugares constitutivos sociales donde una puede ser feliz, puede ser, bueno, dramática, ¿por qué no?
“La creatividad ha sido un gran motor del mundo y quiero honrarlo y celebrarlo como una parte del goce de ser quienes somos”.
“Una ciega travesti y desde un lugar popular social, puede establecer lugares felices, cómodos, reivindicativos de sí misma y orgullosos”.
Eso también hace parte de la existencia humana. O sea, como que hay lugares sociales donde una puede vivir las diferentes emociones, sensaciones y lugares sociales que no representan necesariamente el alcanzar el canon, es decir, el lugar donde uno quisiera llegar.
Porque es que Disney, porque es que las telenovelas, porque otros lugares sociales lo trazaron, sino en realidad yo creo que una ciega travesti y además ciega travesti y desde un lugar popular social, puede de verdad establecer lugares felices, lugares cómodos, lugares reivindicativos de sí misma y orgullosos, sobre todo, porque una no necesita necesariamente alcanzar los ideales sociales para estar contenta con lo que una es. (Ver: Brotecitos, canción de cuna para infancias trans).
Wow, me parece súper lindo lo que están diciendo, porque vivimos en un mundo donde se castiga la creatividad, ¿no?, donde ser creativo o creativa, creative, pareciera que es un delito, ¿no? Como que se premia la conformidad con muchas normas.
En su vida cotidiana, ustedes nos podrían contar cómo, en qué momentos de su vida ustedes han tenido que responder con este orgullo, con esta creatividad, con esta felicidad. Ya nos hablaron un poco, pero me gustaría saber un poco más cómo responder a esto en lo cotidiano. (Ver: ¿Orgullo de qué? Mitos que todavía pesan sobre las marchas del orgullo LGBTIQ).
Una vez se queda desbaratada, no sabe cómo responder frente a estas situaciones, cuando tú tienes que brillar y botar pluma y lentejuela y ser la mejor porque el mundo intenta apagarte y borrarte. ¿Pero qué nos pueden decir en esos momentos en los que una no sabe qué hacer, cómo responder a esto? (Ver: Cristina Rodríguez: mujer orgullosamente trans).
Yo creo que, también, algo que heredé de mis abuelas, cada una a su manera, es el humor. Ellas dos eran personas muy diferentes y cada una tenía un sentido del humor muy distinto, pero me doy cuenta de que ellas también enfrentaban muchas veces la vida, situaciones cotidianas, pero quizás también la adversidad, por medio del humor.
“Yo heredé de mis abuelas, cada una a su manera, el humor. Ellas enfrentaron la vida, situaciones cotidianas y también la adversidad, por medio del humor”.
“La risa me ha permitido no solamente soltar, sino reírme de mí misme, reírme de los demás, reírme de las circunstancias. Y conectar”.
Y para mí el humor ha sido una compañera de vida que me ha ayudado a enfrentar momentos en los que no sé cómo más, cómo más enfrentar cosas. Y la risa me ha permitido no solamente soltar, reírme de mí misme, reírme de los demás, reírme de las circunstancias, sino conectar.
Creo que una de las cosas más hermosas de la vida es conectar, conectar con personas que uno no se imagina, conectar con personas que sí se imagina, pero también la risa, como que yo pienso en esa conexión y pienso que uno de los lazos invisibles que a veces yo lanzo es el humor y la risa.
Y me gusta mucho y lo disfruto un montón. Y creo que es también mi manera de decirle a la gente: “no, no quiero invertir energías en, de pronto tener una conversación súper compleja o tener una discusión que no valga la pena” porque hay discusiones que sí valen la pena. Pero a veces es también como solamente quiero reírme y yo agarro lo que agarro y tú agarras lo que agarras y de pronto conectamos y de pronto no.
Por ejemplo, cuando las personas de mi, de mi círculo social o amigas mías del colegio, no sé, de pronto se les sale un comentario que inconscientemente ya tienen como internalizado y yo sé que ellas no quieren ser ofensivas ni discriminatorias con mi identidad. Yo soy como la cuota de diversidad de la mayoría de mis amigas del colegio. Yo creo que de todas.
Y entonces de pronto alguna está, no sé, o alguna vez alguna estaba comentando que tal persona: “no que había estado en una reunión y entonces dijo como no, y es que hasta lesbiana es“.
Sí, y entonces yo como: “uy, no tenaz, pobrecita, ¿cómo hará para vivir con eso?“. Entonces, ella me miró y se quedó como: “ay no, perdón, perdón“. Entonces, yo eso, esa, digamos, esa ironía. Sarcasmo. Sarcasmo. Me ayudó un montón para alivianar las cosas. (Ver: El feminismo busca un mundo mejor para todas las personas).
Y ella se sintió mal, pero no se sintió tan mal. Y de una vez también aprendió y fue bonita esa experiencia de reírnos. Como no todo lo quiero enfrentar desde “por qué”. Hay cosas que sí, pero no todo. Y fue lindo reírnos de su propio prejuicio. (Ver: Sentiido: un escenario para imaginar futuros más libres).
“Yo soy como la cuota de diversidad de la mayoría de mis amigas del colegio”.
“Yo iba fumando un cigarrillo porque a mí me daba mucha ansiedad subir al barrio”.
¡Wow! Para esa respuesta yo diría: claro. A mí me impacta lo que narra Li, pero es que claro. Nosotras en este podcast venimos de la misma clase social. Entonces, a veces, según la clase social, hay que acudir a ciertos métodos. El método que yo voy a contar y la anécdota que quiero comentar se refiere un poco a unos barrios del suroriente de Bogotá, donde pues, bueno, yo era la travesti ciega. (Ver: Travesti, una breve definición).
Yo creo que ante esa pregunta, en realidad una a veces cuando no tiene con qué negociar, si no es su cuerpo y su carisma, tiene que negociar con eso mismo. Yo me acuerdo de un ñero re-ñero, el más ñero del ñero del barrio, porque a él lo recuerdo con mucho cariño, porque estaba viviendo en ese barrio. Y entonces pasó que yo iba fumando un cigarrillo porque a mí me daba mucha ansiedad subir al barrio.
Yo tenía que caminar varias cuadras desde el alimentador y, entonces, yo siempre me fumaba un cigarrillo. Ese día iba fumando mi cigarrillo, iba tranquila. No, no iba tranquila. Iba tensa, pero iba fumándome mi cigarrillo y entonces me llamó: Amaranta. ¿Qué? Venga.
Y entonces me acerqué y él estaba con un grupo de hombres que me molestaban todo el tiempo. Había una esquina donde había una cigarrería. Creo que todavía existe. Y entonces él me dijo: ¿quiere un cigarrillo? Y fue muy chistoso porque yo iba fumando mi propio cigarrillo. Yo lo boté al piso y entonces yo boté mi cigarro. Él me dio su cigarro y me dijo: “venga, le presento a tal, le presento a tal, le presento a tal“.
Me presentó como a seis hombres que estaban junto a él. Eso para mí fue muy anecdótico en la medida en que él me presentó a toda esa ñeramenta que estaba junto a él y que eran los mismos hombres que me molestaban en la misma esquina todo el tiempo.
Eran las burlas, los chistes, los chiflidos. Y entonces ese día, por alguna razón, él que me respetaba y era un man, el mandamás del barrio, me llamó a ese lugar y para mí fue muy curioso, porque esa vez yo me llevé la reflexión de: “bueno, él me hizo hablar“. Además empezó a hablar por mí, empezó a decir: “¿y entonces qué Amarantha, viene de la universidad?“. Y me presentó.
“Él me presentó a toda esa ñeramenta que estaba junto a él, los mismos hombres que me molestaban en la misma esquina todo el tiempo”.
“No solo me gané un lugar, sino en realidad hubo una persona que colaboró para que yo estuviera en ese lugar”.
Les dijo a todos que yo estudiaba, que estudiaba en la Pedagógica, que era profesora. Entonces, la verdad, desde ahí todos me empezaron a respetar de una manera muy diferente, pero a partir de que él, él me presentó.
Eso para mí fue muy curioso, porque en realidad en los barrios populares se maneja un estándar de unas jerarquías que son las mismas jerarquías que se manejan en toda Bogotá, pero en los barrios medios y altos no se maneja de la misma forma, pero en los populares se siente con más rigor que desde ahí.
La verdad no me volvió a pasar que me irrespetaran, nadie me volvió a molestar. Entonces para mí eso fue importante porque creo que no solo me gané un lugar, sino en realidad hubo una persona que colaboró para que yo estuviera en ese lugar.
Es un poquito lo que dicen desde el anticapacitismo y desde el cuidado y de otros lugares: de la interdependencia. Y es como en realidad creo que una fluye en torno a que otros y otras y otres fluyan con una misma, ¿no?
Esto que nos mencionas, Amarantha, me parece muy interesante y es ese fluir con otros y con otras, y ese fluir también implica reconocer el deseo de las personas. Y muchas veces cuando hacemos una mirada entre la experiencia de ser una persona trans y una persona con discapacidad, no llegamos a pensar que las personas con discapacidad sean personas con deseo, sean personas con placer, sean personas con necesidades sexuales como las puede tener cualquier ser humano.
A mí me gustaría preguntarte cómo hacemos de la discapacidad un lugar donde también se habite el goce. ¿Cómo habitas el goce tú? Creo que el goce lo establecido, uno, desde parar ciertos límites. Dos, desde ubicar que, pues, que en realidad yo tengo unas particularidades como ciega.
Es decir, a mí un hombre que me llegue con porno visual no me sirve, o sea, un hombre que ponga una pantalla con… No. O un hombre que ponga luces, o un hombre que ponga espejos. O el motel con los espejos en el techo. A mí eso no me sirve.
Entonces, lo que quiero decir con todas estas referencias, es que hay un canon muy patriarcal de los gustos de quien es racializada, quien es capacitizada, quien es lesbianizada, quien es, sí…
Pero, bueno, el gozo que yo establezco está desde otro lugar y está desde un lugar muy compartido, muy interdependiente y muy de que, pues, a ver, eh… Creo que, creo, que un muy buen polvo resiste un poco a los cánones sociales y resiste también a que una le proponga.
“No pensamos que las personas con discapacidad sean personas con deseo, con placer, con necesidades sexuales como cualquier ser humano”.
Entonces, yo diría que el deseo disca o de las personas diversas, funcionales o de las personas discapacitadas, como lo quieran leer en este podcast, esos son lugares que todavía siguen siendo explorados porque tanto que no han sido academizados totalmente, como que pues, bueno, hacen parte de la práctica.
En realidad, la piel, como lo dijo la tesis que hice con una parcera, las pieles parlantes hablan, las pieles parlantes radican en ello ¿no? En que nos pensemos un lugar donde la piel sea un indicador de qué gusta, qué disgusta y que nos puede ubicar en un lugar de goce pleno.
No, evidentemente hay mucho que desconocemos y que no queremos saber tampoco. Y esto que nos cuentas es estupendo, ser una dominatrix disca ciega trava jajaja. Nadie pensaría que una persona con discapacidad puede agenciar así su deseo y su placer.
Y me gustaría conectar esa pregunta contigo, Li. Hay un desconocimiento sobre las identidades no binarias ¿no? Sobre las personas que encarnamos esas experiencias de la “no binariedad” y pareciera que no somos sujetos deseables tampoco porque no existimos en esa representación. (Ver: Ni hombre ni mujer: persona no binaria).
Me gustaría que me contaras un poco qué es eso de lo poderoso, qué es eso de lo hermoso, qué es eso de lo placentero de ser una persona no binarie. Ahí hay algo muy hermoso que yo he venido entendiendo con los pocos años que me nombro como una persona no binaria. Y es que en el colegio yo era una persona no binaria y no lo sabía.
Es decir, yo pensaba que yo simplemente era una respuesta al exceso de feminidad de mi colegio y entonces yo no me identificaba como con esa feminidad y ya. Y después fue como: “ah, no, yo, lo que pasa es que era una niña machorra“, en el colegio, y cuando a los 40 años descubrí que existía esta expresión, esta identidad llamada “identidades no binarias”, dije: ¡Ahhhh! Eso es lo que soy yo. Qué hermosura.
Y entonces fue muy lindo darme cuenta que yo en mi adolescencia no estaba equivocade, conseguir lo que yo realmente sentía que quería hacer, que era precisamente cortarme el pelo, no sé, ponerme cierta ropa de ciertas características y como que mucha gente insistía en: “¿por qué te sientas así?”, “¿Por qué te pones el pelo tan cortito?”, “¿por qué no te pintas las uñas?”, por qué…
Y claro, para mí era muy difícil porque yo me sentía disfrazada, ¿no? Entonces también vine a entender que yo empecé a hacer drag, que mi colegio femenino me obligó a hacer drag desde muy chiquita, porque como yo soy una persona no binaria y me tocaba disfrazarme de mujer.
Y entonces yo también me tenía que disfrazar de hombre, porque en el colegio, como yo era la persona más alta, hacía el papel de San José hacía los papeles masculinos.
“Cuando a los 40 años descubrí que existía esta identidad llamada ‘identidades no binarias’, dije: ¡Ahhhh! Eso es lo que soy yo. Qué hermosura”.
Entonces yo hice drag binario desde muy chiquita, desde muy chiquite, porque yo en realidad no estaba en ninguno de esos, de esas, de esa binariedad de ser hombre o ser mujer. Entonces, es muy hermoso y una cosa muy irónica que el colegio en el que estudié haya sido mi primera escuela de drag y me ha parecido tan hermoso, tan hermoso encontrar esta identidad no binaria y saber que yo estaba en lo correcto.
Sí, que yo decía: “yo de verdad en el colegio sabía lo que sentía y lo seguía“. Y de pronto la vida, la adultez, las negociaciones… Como que empecé a decir: “Bueno, no, de pronto no, de pronto la machorridad, no ta ta ta“. Y ahorita a los 40 es: yo me veo como yo me veía cuando tenía 15 años, por la juventud, Jajajajaja. No. El colágeno. Exacto.
No, en realidad, porque yo me veo en esas fotos y digo es como me veo ahorita. Lo que pasa es que de pronto tengo un mejor corte, de pronto, y también creo que lo principal es que me veo más feliz porque sé quién soy y eso me ha parecido hermoso y me ha parecido hermoso saber que hay otras personas como yo en el mundo.
Y, de hecho, Alanis yo quería preguntarte: tú te identificas también como una persona no binaria, ¿cómo ha sido para ti eso? Guau. Bueno, no, gracias. Esto de ser una, une drag en la infancia me parece muy lindo, porque yo también fui una pequeña drag, porque yo sentía que había muchas normas sobre mí que me forzaban a adoptar una identidad masculina que yo no quería.
Yo quería ser una Spice Girl. Yo quería bailar las coreografías de Britney Spears, yo quería tener Barbies. Y hay algo en mi memoria que me recuerda mucho este deseo que para mucha gente podría ser algo perverso, ¿sabes? Y es como salirse de las normas.
Esta sociedad piensa: “uy, qué gente desviada, perversa, mala“. Y yo siempre cuento algo y es que a mí me negaron la posibilidad de ser la niña que quería ser y me impidieron jugar a las muñecas. Me impidieron jugar a hacer estas coreografías de todas esas cantantes de pop que yo siempre quería interpretar.
Y mis papás, en su afán de “normalizarme”, de “corregirme”, me compraron una caja de herramientas con serrucho, con martillo, con el destornillador y todo eso. Y yo descubrí muy chiquis el deseo de romper las normas.
Yo cogía los hilos del costurero de mi mamá y les hacía pelos al destornillador, le ponía pestañas, le ponía pestañas al martillo, le hacía uñas al serrucho. Creo que es la inventividad, ¿no? Ser inventiva en medio de estas condiciones que no te dejan ser y resistir con la alegría de poder ser quien eres. Y yo era una niña que resistía.
“A mí me negaron la posibilidad de ser la niña que quería ser y me impidieron jugar a las muñecas. Me impidieron jugar a hacer estas coreografías de todas esas cantantes de pop que yo siempre quería interpretar”.
La creatividad. La creatividad. La creatividad maricona, travesti, no binaria que está ahí y yo mariquié un juego de herramientas. Y para mí eso siempre ha sido como muy bello, porque salvó mi infancia, no, también. Sentía que recuperé un poquito de esa dignidad que me quitaron. Hoy en día ya puedo comprar Barbies.
Eso, eso. Y yo compro caja de herramientas. Jajaja. Muy bien. Yo, yo, yo, yo, yo quiero sumar, yo quiero sumar a lo que dice Alanís y es como me recordaste un poco a una parcera cajiqueña, Nicole.
Ella me hizo recordar mi infancia, mi juventud y mis primeros años de adultez y es como ella dijo: “yo no sabía que era trans hasta que tenía 20 años“. Y ella lo refería a que nosotras, ella y yo por separado, sin conocernos, vivimos infancias muy trachas, muy del barrio, muy rurales en su caso.
Ella fue más rural, yo fui más barrial. Pero lo que quiero decir es que nosotras vivimos infancias muy machas donde por tener pene se nos trazó el intento de que éramos hombres, ¿no? Y entonces Nicole y yo transitamos desde un lugar muy potente. Ahora lo veo académicamente, pero es muy sufrido cotidianamente y es como darnos cuenta que éramos travestis machorras.
No solo, no solo no fuimos la travesti barbie que quería tetas, culo, los bótox, la cara, el cuerpo… No. Nosotras fuimos y somos unas personas que no nos leemos desde los cánones de la Barbie, sino que nos leemos desde el canon de ser una mujer fuerte, una mujer musculosa.
Ella, Nicole, es una travesti que es capaz de alzar unas cargas impresionantes. Ella me aterra y yo misma también me tracé desde un lugar barrial donde, o sea, sea por la crianza, sea por lo que sea, pero es verdad que yo siento que hay un punto de encuentro entre ella y yo y es la travesti machorra, la travesti que no quiere un canon de mujer hegemónica Barbie, sino que apuesta por una mujer que es ruda, es todera, es bueno, con algunas otras características.
Pero, entonces, me hacen recordar con sus reflexiones eso: que Nicole, que hace poco expresó eso y yo me sentí tan recogida en lo que ella decía, me pareció muy potente.
A mí me pareció muy hermoso que Amarantha la semana pasada en una charla que tuvimos en otro espacio, di que cuando te preguntaron que quién era tu referente de mujer, qué respondiste tú. Que era Chavela Vargas. Jajajajajajaja me pareció lo más hermoso. Como tan raro jajaja. Hermoso. Gracias por eso no se me va a olvidar nunca.
Claro, además también porque vivimos en una sociedad que nos dice que incluso ser una persona trans tiene que ser de una forma particular, ¿no? Como que nos imaginamos, también, cómo es un hombre trans, una mujer trans.
Y aquí algo que ustedes han traído en esta mesa y que es muy hermoso y es la posibilidad de mutar, de ser otra, de ser otre, de ser otro y de construir nuestros cuerpos desde el deseo sin necesidad de encajar en esas normas es un acto de belleza radical, es un acto de permitirse reconciliar en cuerpo, mente y espíritu.
Y es que no hay nada más sanador que ser fiel a ti misma. En ese sentido, quería preguntarles algo. Hay un escritor de la India que vive en Estados Unidos que se llama Alok Menon, que tiene, que es una persona no binaria, que ha hecho cosas muy bacanas.
Y elle escribía en uno de sus libros una frase que me pareció muy impactante y decía: “Las personas juzgan a quienes son diferentes porque no han hecho las paces con quienes son“. Y yo ahí quería preguntarles a ustedes, ya que nos están escuchando y nos van a escuchar muchas personas. ¿Qué le dirían ustedes a alguien que aún siente vergüenza de ser quien es?
Jajajaja, no es que… Alarma. Alarma. No, es difícil respuesta porque uno, no he leído el escritore, dos, es que es voltaje porque en realidad yo creo que vengo de lugares sociales no admitidos. A mí me ha frustrado por varios años, no solo económicamente, porque además veo que hay personas que hacen menos de lo que yo hago y ganan más y eso para mí es muy frustrante.
En tónica de que leo eso, leo esa diferencia de que son personas que nacieron con más ventajas sociales, entonces me ha hecho leerme desde un lugar ilegítimo. Para mí es muy frustrante y no deja de serlo. Es un dolor interno que no van a dejar de sentir las personas que me lean, me escuchen y sepan que están desde un lugar ilegítimo.
Entonces, bueno, decir que llegar a un lugar ilegítimo, decirse desde un lugar ilegítimo es no solo agotante y frustrante, sino también en realidad responde a que socialmente, pues hay unas jerarquías establecidas muy rudas, muy rústicas y muy insalvables.
Y bueno, yo diría a estas personas que están en lugares ilegítimos: uno, que de verdad es gozable la vida desde donde estamos. Dos, que hay formas de encontrar cómo solventar la existencia de una forma menos miserable desde donde estamos.
Y tres, pues hmmm. Yo creo que si logramos establecer un lugar mucho más tranquilo entre las personas ilegítimas, es más fácil que seguir viviendo, aspirando a unos ideales que no podemos alcanzar. En la tónica de que esas clases altas no van a dejar hacerlo. No, no, no pasa, no pasa. Nadie cede sus privilegios.
En realidad, quien reconoce sus privilegios, intenta… A veces podemos confiar en que intenten arreglar como formas de caridad o formas de resolver un poquito su dolor existencial. Pero nadie va a renunciar a esos privilegios. La dignidad y la digna rabia, la digna vida. Otros lugares desde donde podemos encontrar la dignidad son logrables. Eso diría.
Uy, a mí me parece muy difícil decirle cosas a alguien que no se acepta a sí mismo como es. Creo que mi mayor herramienta, recurso, mensaje es mi existencia. Sí, y sobre todo también, pues la mía y las personas con las que conecto, mis redes de apoyo, personas que aún no conozco, que también han sobrevivido a muchas dificultades.
Y creo que a veces la gente se descoloca de ver una persona tan rara, feliz. Sí, como que hay personas que no entienden como uno siendo un bicho raro, puede tener amigos. Lo que tu dices, el goce y me parece muy hermoso, casi que a veces ni siquiera quiero como invertirle energía a personas que quieran deslegitimar mi existencia, la existencia de personas como yo o de personas disidentes o personas raras.
Y creo que eso es un dolor muy profundo que a veces siento que ni siquiera hay manera de hablar con personas así, sobre todo cuando son personas tan violentas y personas tan cerradas. Y también para complementar y responder y alargar lo que Ama acaba de decir sobre los privilegios, yo, por ejemplo, me paro desde un lugar de privilegio de la blanquitud y de la clase social.
Y darme cuenta y nombrarlo para mí ha sido el primer paso muy importante para saber que yo, que esto para mí también es un recurso para ayudar a que el mundo sea un lugar mejor, ¿cierto? Y también reconocerlo en voz alta, que no es tan fácil, como que uno no quiere decir: “es que yo me paro desde el privilegio“. Y para mí sí se ha convertido en una causa, sí, decirlo en voz alta.
Y decir: tenemos que acostumbrarnos a reconocer que tenemos ciertos privilegios y decirlos en voz alta y saber que esos privilegios también son recursos, no son culpa, no son solamente un estatus para ser yo misme, sino también un espacio para que muchas más personas también puedan acceder a otras oportunidades como las que yo tuve.
Y creo que eso es una, es una causa en la que uno a veces la embarra. Uno a veces no lo hace bien, pero también muchas veces logra conectar, logra crear algunos espacios, aprender un montón y eso me parece también muy lindo.
Yo quisiera aportar ahí mi granito y pensaba también un poco sobre cómo la importancia de crear comunidad, porque lo primero que aprendemos frente a la vergüenza es que nos hace sentir que es algo personal. No, yo estoy mal, soy deficiente. Soy una persona desviada. Soy lo suficientemente hombre o mujer, o una persona que merezca ser amada, ¿no?
Y yo siento que esas preguntas las trasladamos al terreno de lo individual y es mentira. Hay muchas personas como nosotres. Hay otras personas que también están ávidas de amor. Hay otras personas que también sienten de la misma forma que nosotres sentimos y este mundo nos hace sentir que somos “personas enfermas”, no, entre comillas.
Y yo siento que tejer comunidad con otras personas es un referente súper positivo para poder construir una imagen distinta de nosotres mismos. Y hay que mandar a la mierda la vergüenza. Hay que quemar la vergüenza y hay que ser unas desvergonzadas y unos desvergonzados y ser unos sinvergüenzas, porque el legado que le podemos dejar este mundo es que vivir una vida sin pena, sin vergüenza y sin esa lastre de, de ser deficientes, le enseñamos también a esas personas que se creen normales de que ellas también tienen que soltar algo de sí mismas, ¿no?
Y es que ellas también están siendo perjudicadas por estas normas. Porque cuando tú hieres a alguien es porque tú piensas que estás en lo correcto, que tú estás cumpliendo una norma. Pero seguramente esa persona que está hiriendo a esa otra persona, porque es diferente, carga también dentro de sí misma una cruz, y esa persona no se ha podido soltar.
Por eso yo me compadezco de la gente que se piensa “normal”. Ellos también necesitan cambiar eso y creo que la forma en que podemos enseñarles es hacer, siendo descaradas y mostrando… Nuestra mayor venganza es ser felices, decían, decían muchas amigas travestis. Entonces creo que es una venganza desde la alegría, desde la felicidad, desde compartir esa posibilidad de futuro.
Me gustaría cerrar este espacio porque los referentes son importantes para sobrevivir. ¿Saben? Hay un kit. Todas, todos y todes deberíamos tener un kit de supervivencia en este mundo que intenta borrarnos. Y ese kit debería estar compuesto por artistas, por poetas, por películas, por libros que nos permitan sobrevivir como personas trans maricas, no binaries, discas.
Alguien que nos está escuchando quiere llenar su kit de, de primeros auxilios. A ustedes, ¿quién les ha salvado la vida? Recomiéndanos un referente artístico cultural, un libro, que sea importante para ustedes y que compartamos eso con la gente que nos escucha.
Me parece lindo que hayas utilizado la palabra kit, porque creo que quiero meter más cosas que libros, películas y podcasts en ese kit. Bueno, el primero para mí, mi primer implemento de mi kit es la amistad: las amigas, les amigues, los amigos. Para mí es como el salvavidas número uno y los amigos que aún no han llegado a mi vida y que quiero seguir buscando. Eso ha sido para mí lo más hermoso.
También bailar en ropa interior, en la casa, a todo volumen. Creo que esa es otra cosa del kit que es como ahí sí que “nadie me quita lo bailado”. Poner música deliciosa, levantar los brazos, bailar de la manera más rara posible. Sí. Que era mi pena en las fiestas porque yo no sabía bailar.
Y en mi casa bailo, jajaja. Eso me parece que es parte del kit y. Y bueno, ya hablando de lecturas, películas, hay un autor que recientemente estoy conociendo que se llama Ocean Vuong, Ocean como océano, y le conocí en un podcast que se llama Pink House de Sam Smith. Yo soy una persona muy ignorante de la de la cultura pop y no sabía quién era Sam Smith, que es, un cantante.
Y tiene un podcast muy hermoso. Desafortunadamente está solamente en inglés, pero Entrevista Ocean Bong, que es un escritore de Vietnam y de Estados Unidos y escribe muy hermoso. Hay algunas cosas que se pueden encontrar en Internet y está traducido al español, pero hay muy pocos ejemplares y es difícil de encontrar. Entonces, de pronto hay que hackear el sistema para empezar a verlo.
Pero me ha parecido de una poesía hermosa, me ha parecido de una profundidad y es una persona queer y eso me ha abierto nuevamente una conexión que había dejado en pausa durante los últimos tres años, que es la conexión que también me ha salvado la vida, que es la lectura. Y me acabo de acordar de un otro, otro, otro, otro elemento del kit.
Es un libro que me regaló mi mamá cuando yo tenía ocho años, o sea, corría el año de 1988 y es un libro que todavía tengo que se llama El Oso, que no lo era. El otro día lo vimos y le dije esto era una premonición de lo que se venía, porque es la historia de un oso que hiberna y cuando se despierta en su cueva, encima de su cueva han construido una fábrica y él entra a la fábrica y todo el mundo le empieza a decir que él es un empleado disfrazado de oso y que él en realidad no es un oso de verdad.
Y todo el mundo está diciéndole: “usted no es un oso, usted es un empleado. Usted tiene que trabajar en la fábrica” y el oso tiene que pasar por un montón de instancias diciendo: “yo de verdad si soy un oso“.
Entonces, cuando se lo mostré a mi mamá, mi mamá lo vio y me dijo: “Ay, mira el oso que no lo era“. Le dije: “Mira el libro que me regalaste“. Sí, pues me parece y me parece, es un libro de literatura infantil que creo que todo el mundo debería tener en sus casas. Es un libro hermoso.
Me encanta. ¿Cuántos referentes? No, yo no tengo referentes tan específicos, pero pensaba en que… Pues bueno, cuando una viene de lugares populares y de clases sociales bajas, en realidad la brecha social es muy grande. Tan grande que en realidad uno no accede a libros. Mis papás no leen. Mi familia no lee. Mi hermano menor sí, pero por gusto. Y es porque creo que yo también le implementé un poco eso de la lectura.
Creo que a mí me arde mucho reconocer que parte del dolor académico, epistémico y sociológico que radica en las clases populares es que no podemos acceder muchas veces a las lecturas. Entonces, bueno, yo diría que uno, que me arde.
Dos, que pues, bueno, la verdad, en cuanto libro uno se encuentre, la verdad nutre en caso de escasez y dos, que pues, bueno, hay cosas que uno debe por ejemplo, potenciar la lectura y es como yo creo que a veces el observar ciertos libros, ciertos autores, la sociología, el entender cómo funcionan las estructuras sociales, son potenciales para que una deje de creer que es pobre porque quiere, o de que las clases sociales están estáticas porque así funciona el mundo y porque Dios lo designó así.
Creo que es una potencia muy grande el entender que nosotres, nosotros y nosotras no estamos determinados, sino que en realidad es una estructura social la que está funcionando para que estemos en ese lugar.
Entonces, bueno, hmmm, no, pues digamos que en la universidad para mí entrar al estudio, el estudio, mi mamá siempre ella no entendía del todo el por qué, pero ella siempre me dijo que estudiara. Punto. Punto. Que estudiara donde fuera, donde fuera que estudiara.
Ella no entendía a veces ni siquiera el porqué. Yo leía ciertos libros, ciertos lugares, pero era eso. Era el entender que cuando uno adquiere ciertos conocimientos en libros, en textos, en artículos, en mundo en general, va ampliando su capacidad de entender cómo funciona el sistema y eso es re potencial.
Y diría eso como yo recomendaría que las personas, simple y llanamente cuando no tienen hábitos lectores, sobre todo en este mundo de TikTok y las redes sociales en general, que se pueda leer, que uno se pueda sentar a leer en detalle libros, textos, artículos.
Eso es muy potente. Es muy potente porque le da a uno visiones de otras personas que ya se pensaron de pronto, formas en las que uno también dijo, aparece de pronto el mundo funciona así, pero en realidad esas personas lo teorizaron.
Entonces chévere que uno puede decir: listo, esta persona dijo eso, ah, bueno, ¿yo cómo lo vivo? Esa sería mi recomendación máxima: leer, tratar de estudiar y no estudiar solo académicamente. Estudiar. En la medida en que yo pueda ser capaz de leer artículos y textos y decir: “ah, listo, tengo mi opinión sobre esto“. Eso diría.
Perfecto. Muchísimas gracias por compartir con nosotros este primer espacio, por mandarnos a leer, por estudiar, pero también para compartir amistades peligrosas, para devenir osos, osas o para crearnos desde una diversidad rica y digna, que es lo que somos.
Quisiera entonces cerrar este espacio agradeciendo todas sus palabras, sus experiencias, su lucha. Y bueno, este fue nuestro primer encuentro de identidades gozosas. Y bueno, aténganse porque no va a ser el primer espacio.
En 2026 vamos a lanzar cuatro capítulos donde seguiremos profundizando en las memorias, en los placeres, en las luchas de quienes habitamos identidades disidentes. Así que les invitamos a escuchar nuestro podcast de Sentiido, a compartirlo, a gozárselo.
Evidentemente, este podcast fue creado por Alanis Bello y Li Cuéllar de la Fundación Sentiido, con el apoyo de la Fundación Heinrich Boll Stiftung. Nos escuchamos muy pronto y, mientras tanto, practiquen la ternura radical, abrácense al poder de lo erótico y celebren la belleza de la rebeldía.