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Educación sexual adolescencia

Educación sexual en la infancia, justa y necesaria

Sentiido presenta su especial en podcast: “Educación sexual desde la infancia: sin miedo y sin prejuicios”. Hablar de sexualidad desde temprana edad no confunde: abre confianza, protege y transforma. Escúchalo ya.

Ilustraciones: Surmerce para Sentiido.

En mi casa nadie me habló nunca de sexualidad. A mí me vino mi primera menstruación y fue un susto. Un susto. Y yo vivía solo con mi papá y no había como que esa confianza pa’ preguntarle: “¿y esto cómo fue?” “¿Qué pasó acá?”. (Ver: La educación sexual es un proceso, no una charla de un día).

Pero entonces uno iba a la droguería como “señor” y uno con el de la tienda, que no era nadie en su vida, uno preguntaba por los condones y qué eran y se reía con las amigas y leía por detrás de las cajas y entendía o un poco sufría en soledad, como: “sí bueno, no, qué hago, qué hacemos”. (Ver: “Papás y mamás están más a favor de la educación sexual de lo que se ha hecho creer”).

Fue toda la información sobre educación sexual que yo recibí. Sí, como “no hagas, no hagas, no hagas, no permitas, no permitas, no permitas“. Nunca interpelada sobre lo que yo sí podía hacer. O sea, qué hacer con mi propio deseo, ¿no? Y con mi propio cuerpo. Y con mi propia autonomía. Eso no, eso no. (Ver: 6 respuestas para los opositores a la educación sexual).

Educación sexual infancia
Educación sexual infancia

Mi mamá, pues aunque tenía buena voluntad, no sabía responderme bien, entonces ella como que: “déjame, investigo”. Y claro, para la época pues no había tanto Internet como hoy en día y en esa época nosotros teníamos un VHS y mi mamá me consiguió una película en VHS animada explicando cómo se tienen los bebés. (Ver: Es urgente proteger a la niñez de la ignorancia existente sobre la diversidad sexual y de género).

Las que acabamos de escuchar son experiencias con la des-educación sexual que tuvieron algunas de las personas invitadas a este podcast cuando eran adolescentes. (Ver: Educación sin prejuicios en cómic).

Hoy todas ellas son adultos en sus treintas o cuarentas y todas tienen que ver con la educación sexual de la actual generación de adolescentes. Una educación muy distinta a la que recibíamos hace 20 o 30 años. (Ver: Papás y mamás de Colombia: sí a la educación sexual y a los derechos LGBTIQ).

Yo misma, por ejemplo, recuerdo que en mi adolescencia, al menos en el colegio, la educación sexual consistía en hablar de biología y moral. No somos pocas -porque era un colegio femenino- las que quedamos traumatizadas con las proyecciones de una película en la que nos mostraban fetos abortados. Verdadera terapia de choque.

Hoy como mamá de dos niñas de nueve y 12 años, me interesa mantener una apertura mucho mayor para conversar con ellas sobre estos y muchos otros temas que forman parte de la sexualidad con un enfoque mucho más positivo que el que tenía la educación sexual hace dos o tres décadas.

Estas cuatro voces que escuchamos y otras que vienen a continuación tienen en común que están comprometidas con ofrecerle a la juventud de hoy una educación sexual de calidad.

Tengan o no todas las respuestas, lo que quieren estos adultos es mantener abierto un canal de comunicación con los adolescentes, una conversación en la que no esté vetado absolutamente ningún tema.

Sentiido, organización que aporta conocimiento en género, diversidad y cambio social, te invita a escuchar este podcast: “Educación sexual en la adolescencia: justa y necesaria“. Soy Andrea Domínguez.

Educación sexual infancia
Educación sexual infancia

“Sin duda es más divertida si huele a peligro. Si te invito a una copa y me acerco a tu oído…”. Yo un día escuché una canción de Romeo Santos porque mi hija me pidió enseñarle a bailar bachata y yo creo que la había oído, pero no la había escuchado como no la había… Y entonces la estábamos bailando y yo dije: “¿qué es esta letra?”.

Íbamos con una amiga en el carro y la pusimos y entonces dice: “Si te robo un besito, haber, te enojas conmigo. Qué dirías si esta noche te seduzco en mi coche. Que se empañen los vidrios y la regla es que goces. Si te falto al respeto y luego culpo al alcohol. Si levanto tu falta me darías el derecho de medir tu sensatez, poner en juego tu cuerpo”.

Es una bachata buenísima. El ritmo es fantástico, uno la baila delicioso, pero entonces paramos ahí. Entonces dice: “Permíteme apreciar tu desnudez. Entonces, si te falto al respeto y luego culpo al alcohol“.

Yo les dije: “¿ustedes qué piensan de eso?”. Entonces las dos: “No, pues horrible”. Yo ¿pero entienden lo que está diciendo? ¿Entienden por qué una situación de alcohol puede ser, puede degradar en algo violento? Como si te doy un besito y te enojas conmigo, puedo, puedo seducirte y medir qué tan sensata eres.

Miren lo que está diciendo y cómo es un juego súper patriarcal de dominación. ¿No? Y ellas: “no, ya no me gusta Romeo. Horrible esa canción“. No, pero es como, yo digo, la pedagogía está en todo.

Es decir, una canción de bachata puede ser una… Y Romeo, tú canción está pegajosa y súper bailadora. Y pedagógica al final. O sea, me sirvió para parar un segundito y decirles: “Miren esto, ¿y ustedes qué? ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué piensan? No, pues mamá, que la está obligando.

Yo: “ahí, bueno, están entendiendo lo que es”. Ok. Y está mal. No es un juego seductivo. Así no es. Así no es. No es como que: “te robo un beso y te llevo a mi carro obligada”. Sí, noooo, es como: “Bueno, hasta eso… Pues echemos mano de todo, del reguetón. Sí, no lo satanicemos: “no escuchen esa música”.

La escuchamos a todo volumen en el carro y paramos y decimos: “pues qué nos puede decir esto”. Y la seguimos oyendo. O sea, es lo que hay. Ni modo, no le vamos a poner puritanismo al reguetón o a la bachata.

Educación sexual infancia
Educación sexual infancia

Quien comparte esta anécdota es María Paula Martínez, politóloga, periodista. Es la misma invitada que al inicio de este podcast comentaba que sus dudas sobre sexualidad las resolvía en la droguería de la esquina a donde iba con sus amigas a comprar condones para leer las cajas y aprender lo que no les explicaban ni en sus casas ni en sus colegios.

Aunque están en momentos diferentes, como adolescente y preadolescente que son ambas, están llenas de preguntas sobre sexualidad y son preguntas que particularmente en la adolescencia se sienten apremiantes, necesarias.

Su reflexión sobre esta bachata no es una diatriba contra “la música de hoy”, sino sobre la importancia de ver en cada situación que viven nuestros hijos, hijas e hijes, una oportunidad pedagógica.

En este caso, las letras de Romeo Santos sirvieron para hablar de consentimiento, protección, uso de alcohol, machismo y otras cosas más.

Pero casi que cualquier duda, cualquier episodio que vivan los adolescentes puede servir como una oportunidad didáctica, si los adultos a su alrededor, en lugar de escandalizarse o dar sermones, se sintonizan con la situación y la usan como una herramienta para aprender.

Es un contraste notorio con la casa en la que creció la misma María Paula, en la que reinó una especie de ley del silencio sobre temas como sexualidad o drogas.

Mis papás no fueron personas que inculcaron un dogma, pues antiquísimo. No fueron tampoco, creo yo, ingenuos en pensar que eso no existía en mi vida. Simplemente fingieron demencia, digo yo, como no, no es con nosotros.

Pero ahora a cargo de sus hijas y como madre separada que las está criando con una red de apoyo mayoritariamente femenina, está empeñada en que la experiencia de ellas sea muy diferente a la suya.

En su casa nunca ha habido largos silencios, sino charlas abiertas sobre todo lo que tenga que ver con sexualidad. Cuando sus hijas ponen el tema sobre la mesa.

Yo no le puedo poner una fecha. Yo creo que ha sido algo siempre como hablar de la maternidad con ellas, de dar pecho, de, de los senos, la desnudez, la misma desnudez, la naturalidad de los cuerpos diversos, de que no hay vergüenza sobre, no sé, no hay parámetros de belleza asociadas a esto.

Pero yo creo que eso es algo que uno no solamente dice una vez, sino como que realmente vive, porque uno habla de los cuerpos ajenos, uno no critica el tamaño ni nada, ni compara…

Ese tipo de cosas, ellas, creo, que uno lo dice, pero también lo demuestra en su casa. Y siempre ha sido natural hablar de la menstruación, del embarazo, de los derechos sexuales. Me acuerdo cuando…

Las familias deberían ser el primer espacio seguro para tocar estos temas sin tabúes. El segundo espacio que, en realidad durante la adolescencia, llega incluso a tomar mayor protagonismo, es la escuela, porque allí la juventud convive con sus pares, pasa la mayor parte del tiempo…

Y en teoría, porque están amparados por la ley que en Colombia ordena que todos los estudiantes del país reciban educación sexual integral, apropiada en el nivel de desarrollo físico y emocional en cada etapa de la vida.

Pero, ¿realmente ocurre así? Aprender a leer y escribir. Resolver problemas algebraicos. Entender las interacciones entre los elementos de la tabla periódica. Sí, todo eso es importante, pero ¿y conocerse a sí mismo, saber cuidarse, respetarse y respetar a otros, entender las diferencias entre relaciones sanas y relaciones tóxicas?

Quizás la necesidad de encontrar la raíz cuadrada de 256 o la tarea de despejar la X en una ecuación, palidecen en comparación con la necesidad que siente un adolescente de entender por qué su cuerpo está cambiando de semejante manera.

Todo el mundo reconoce su importancia, pero nada de esto aparece en los currículos escolares. ¿No tendríamos infancias más plenas, juventudes más felices, sociedades más pacíficas, si todo esto también fuera prioritario en los colegios?

La necesidad de encontrar la raíz cuadrada de 256 palidece en comparación con la necesidad que siente un adolescente de entender por qué su cuerpo está cambiando de semejante manera.

“De nada nos sirve saber ciertos contenidos y asignaturas, si por ejemplo la niña adolescente queda embarazada y no puede terminar su ciclo escolar”.

A veces los docentes pensamos que es importante saber matemáticas, sumar y restar, saber español, tener una buena ortografía, saber… Bueno, pero no hemos entendido que de nada nos sirve saber esos contenidos, esas asignaturas, si por ejemplo la niña adolescente queda embarazada y no puede terminar su ciclo escolar y no puede hacer un proyecto de vida, digamos que trascienda todo lo que vive en su contexto, donde crece.

Entender que de nada nos sirve venir a hablarle al niño, yo qué sé de un tema de, de, los valores, cierto. El respeto cuando el niño está siendo abusado en su colegio y no ha tenido el espacio para contarlo, no ha tenido un apoyo para salir de esa situación.

Esta es la voz de Kelly Johanna Pulido. Ella es licenciada en Pedagogía, lidereza de la Red Nacional de Maestros y Maestras Divergente y profesora del distrito en Bogotá.

Kelly se dedicó a enseñar temas relacionados con la sexualidad a sus estudiantes en primaria y secundaria, en parte por las carencias que hubo en su propia educación sexual cuando era niña y, en parte, por la realidad que veía a su alrededor.

Bueno, yo creo que fue una niña que crecí en un contexto un poco violento hacia las mujeres. Yo crecí en el barrio María Paz, ahí junto a Abastos. Y recuerdo que en las calles muy continuamente, sufría acoso de distintas formas.

Kelly recibió algo de educación sexual básica en sus años escolares, pero realmente aprendió del tema cuando estudió Pedagogía Infantil en la Universidad Distrital. Recuerda que al empezar en sus primeros trabajos como profesora en escuelas distritales, le impactó mucho la precariedad de la educación sexual que recibían los estudiantes.

Digamos que yo me vi muy reflejada en estas niñas hace, o sea, yo me veía allí, yo también salí de un colegio distrital y viví muchas cosas en el colegio y yo decía: a pesar de que han pasado tantos años, se sigue repitiendo la historia de esa desinformación. Entonces yo entendí que no podía ser indiferente ni ética ni profesionalmente a este tipo de situaciones.

Al empezar en sus primeros trabajos como profesora en escuelas distritales, le impactó mucho la precariedad de la educación sexual que recibían los estudiantes.

“Lo que principalmente me empieza a mover o a inclinarme a la educación sexual es evidenciar los presuntos abusos sexuales que estaban pasando en mis estudiantes”.

Lo que más la movilizó fue ver lo común que era la vivencia del abuso sexual en las vidas de sus estudiantes y percatarse de que al empezar a tocar estos temas, los estudiantes empezaban a compartir, por primera vez, sus experiencias y a entender lo que les había ocurrido.

Soy una maestra que ingresa al distrito en 2015. Soy nombrada en primaria y llegué a un colegio de la localidad Cuarta, San Cristóbal y allí empecé a trabajar con los grados quinto, más o menos seis años y pues evidencié que había unas necesidades de educación integral para la sexualidad, digamos muy marcadas, porque están en una época de la pubertad donde están iniciando sus primeros noviazgos.

A las niñas les llega su menarquia y tenían mucha desinformación, pero lo que principalmente me empieza a mover o a inclinarme a la educación sexual es evidenciar los presuntos abusos sexuales que estaban pasando en mis estudiantes.

Digamos que eso me hace cuestionarme mi práctica pedagógica y empiezo pues con la creación de un proyecto de aula que inicialmente lo que buscaba era la prevención del abuso sexual y con el tiempo pues me di cuenta que no era lo único que tenía que trabajar.

Empieza también a cuestionarme el tema de la convivencia y cómo las relaciones entre géneros, pues digamos que influenciaba mucho en la manera como se relacionaban. También empiezo a evidenciar que los chicos, con todo el tema de las redes de la Internet, están manejando unas dinámicas ya muy digamos avanzadas o pesadas para su edad.

Son niños más o menos entre los 10 a máximo 12 años y ya digamos que había muchos riesgos de sexting, de grooming, de muchas cosas. Entonces empiezo también a integrar ese tipo de temas.

A partir de ahí empezó a desarrollar una pedagogía para aplicar a las realidades que estaba viviendo y se basó en los lineamientos de la UNESCO sobre educación sexual.

Según estas orientaciones, la educación sexual integral es un proceso de enseñanza que versa no solo sobre los aspectos físicos de la sexualidad, sino también sobre los aspectos cognitivos, psicológicos y sociales, y que está basado en datos empíricos, habilidades, actitudes y valores.

Uno de los mayores obstáculos de la educación sexual integral es que los adultos seguimos viendo a los niños como seres asexuados o a los adolescentes como seres inmaduros para entender estos temas.

Estas enseñanzas, según la UNESCO, deben estar adaptadas a cada etapa de desarrollo y eso fue lo que hizo Kelly. A la par, se fue especializando y realizando trabajos académicos que le permitieron determinar cosas tan importantes como que uno de los mayores obstáculos de la educación sexual integral es que los adultos seguimos viendo a los niños como seres asexuados o a los adolescentes como seres demasiado inmaduros para entender estos temas.

Cuando la realidad es que los niños, niñas y adolescentes también viven una sexualidad que, por supuesto, es acorde con su madurez física y emocional, y que no solo tienen la capacidad de entender muchas cosas, sino que están llenos de dudas que no les estamos ayudando a resolver.

Como lo dice María Paula, la mamá de Antonia y Julieta, que nos hablaba antes. No estoy esperando tener una conversación como la que pueda tener con una amiga porque es mi hija. No es mi amiga con la que hablo de sexo, pero le estoy diciendo cosas como pedagógicas, sabiendo que ella o validando que es para mí importante su sexualidad.

Tú tienes una sexualidad a los diez, 11, 13 que tiene hoy y está bien y eres un ser sexual que tiene 13 años. Luego, tu sexualidad tiene unas formas, la mía, tengo 38 años, tiene otras.

El problema con la educación sexual o, bueno, uno de varios que tenemos como sociedad, es que en el papel a todo el mundo le parece muy bonito, muy importante, pero nadie se apersona de ella y si no hay quien la imparta, la niñez y la adolescencia están en manos de la jungla de bytes de la Internet.

Cecilia Palomeque es una maestra de ciencias naturales que trabaja en Carepa, Antioquia. Pero además de enseñar sobre los fenómenos del mundo físico, las reacciones químicas o el comportamiento de las células, Cecilia educa a sus alumnos en temas de sexualidad, género y ciudadanía.

Cecilia Palomeque es una maestra de ciencias naturales. Pero además de enseñar sobre los fenómenos del mundo físico o las reacciones químicas, Cecilia educa a sus alumnos en temas de sexualidad, género y ciudadanía.

Cecilia fue quien nos relató antes que cuando le llegó su primera menstruación se llevó el susto de su vida porque no entendía lo que le estaba pasando

Y por ello su programa Liderazgo Político Femenino Mujeres Empoderadas, creado con la participación de sus estudiantes de la Institución Educativa Rural Villa Nelly, obtuvo el reconocimiento “Antioqueña de oro” en la categoría de Educación otorgado por la Gobernación de Antioquia en el año 2022.

Cecilia fue quien nos relató antes que cuando le llegó su primera menstruación se llevó el susto de su vida porque no entendía lo que le estaba pasando. Al ver situaciones como esta y otras peores en sus estudiantes, sintió, al igual que Kelly, que no podía limitarse a dar la clase de ciencias y nada más.

Que si nos ponemos a revisar en Colombia la educación integral para la sexualidad, nos encontramos en que este es un conocimiento, es como un conocimiento encargado, ¿cierto? Es como un conocimiento encargado, o sea…

O sea, no está dentro de ningún papel que diga que lo tienes que hacer porque fuiste a la universidad y estudiaste eso y eres la profesora, el, la profesional que te contrataron para hablar de eso, sino que tu lo asumes porque sientes una responsabilidad social, porque sientes que tus estudiantes merecen estar informados, tener información de calidad y de primera mano, que tus estudiantes merecen disfrutar a plenitud de sus derechos, entender sus deberes y a partir de ahí también tomar decisiones eh trascendentales para su vida, ¿cierto?

Entonces, a partir de ese digamos como que esa necesidad y esa experiencia hum propia, tú sientes que hay que hablar de estos temas de los que no se hablan, de los que eh, todo el mundo tiene tapujos de los que eh, siempre te dicen: “cuidadito me venís aquí con un domingo siete”, ¿cierto? Esa era la frase de mi papá: “cuidadito, me salís con un domingo siete”. Y así te crían. Y un domingo siete es que salgas embarazada, por ejemplo.

En realidad, la problemática del embarazo en adolescentes es una cuestión muy presente en la región en la que trabaja Cecilia y ha sido necesario abordar este tema puntualmente. Pero la propuesta de Cecilia va mucho más allá.

“Esa era la frase de mi papá: ‘cuidadito, me salís con un domingo siete’. Y así te crían. Y un domingo siete es que salgas embarazada”.

“La sexualidad lo llevan solo a lo coital y no a ese otro conocimiento de tu cuerpo, a la soberanía de tu cuerpo A ser soberano de él, soberana de él”.

Porque la sexualidad lo llevan solo a lo coital, ¿cierto? Y no a ese otro conocimiento, eh, de tu cuerpo, a la soberanía de tu cuerpo, ¿cierto? A ser soberano de él, soberana de él. Y en ese sentido, pues, eh, yo dije pues mis estudiantes tienen derecho a disfrutar de sus derechos y ¿cómo disfrutan de ellos? Si los conocen, los aplican, los pueden vivir a plenitud.

En su institución educativa, Cecilia encontró no solo embarazo adolescente, sino una cultura en la que las uniones y matrimonios tempranos estaban totalmente normalizados. Entonces veía muchos casos de niñas de 12 o 13 años que conformaban pareja con hombres mucho mayores que ellas y abandonaban cualquier otro proyecto de vida porque se dedicaban al hogar siendo aún niñas o adolescentes. (Ver: Son niñas, no madres).

Yo en mi vida había visto algo así como que una niña de esa edad, embarazada y con marido. Para mí eso era como que algo salido como de una película, decía: “esto no puede pasar” y esto pasa aquí y esto y… ¿cuántas son?

O sea, yo empezaba a preguntar ¿y cuántas son? Esta es la primera, no cuando que no, que fulanita vive con uno, de un señor de 45 años y ella tiene apenas 12 y la otra 11 y vive con un señor de tantos años. O sea, para mí eso fue como cuando vos estás en un sueño y vos querés despertar, ¿cierto?

Por eso la importancia de tocar no solo temas de planificación sexual o prevención de enfermedades, sino temas como autonomía, igualdad de género, proyecto de vida. Claro, de manera adecuada para cada edad.

Yo le trabajo mucho al tema de la educación superior a las mujeres. O sea, ese es un tema bandera para mí desde este proyecto de liderazgo, desde esta, desde esa autonomía y soberanía del cuerpo, eh, el tema de la educación superior para mí es fundamental, o sea, no lo dejo de lado.

Y yo estoy siempre ahí con ellas y entonces si no quieres acá debes querer acá, debes querer acá menos irte a enseñar en la casa. Enseñar en la casa no es malo, pero hay otras oportunidades mejores que estar enseñando en la casa.

O sea, en la casa tocaría enseñar a barrer, a trapear, tocaría enseñar… Eso hay que hacerlo porque a nadie le gusta ver la casa sucia y tú deberías hacerlo por ser persona, no por ser mujer, por ser persona.

A ti te da hambre, hay que cocinar. Lo mismo pasa con los hombres. O sea, al hombre le da hambre, tiene que cocinar. Tiene dos manos, ¿cierto? Pero cuando tú vas a la universidad ya ese es otro cuento.

Como nos han ido contando las personas invitadas a este podcast, la educación sexual integral congrega muchísimos más aspectos de los que los adultos de hoy creen que es sexualidad.

La distribución de las tareas en el hogar, las posibilidades profesionales de cada estudiante, independientemente de su género, la creación de relaciones amorosas y sexuales respetuosas. Sí, pero en la práctica, todavía hoy, en pleno 2024, muchos jóvenes siguen definiendo la educación sexual como algo muy biológico y muy enfocado en la prevención de embarazos y transmisión de enfermedades.

Si no me creen a mí, escúchenlo de sus bocas. Así nos lo cuentan estos jóvenes de entre 13 y 17 años de edad que entrevistamos en un colegio en Bogotá.

Hmmm, pues de las, de las cosas que, ¿cómo explicarlo? Pues, de lo que nos puede gustar o de cómo podríamos protegernos, ¿cómo nos sentimos?

Pues la educación, digamos, como de las enfermedades, digamos las enfermedades que conlleva tener relaciones sexuales y eso. Es pues lo que nos enseñan como a educarnos y hacer las cosas, pues responsablemente. Y el cómo protegernos o no contraer enfermedades.

Cómo educarnos sobre, o sea la protección y eso como enfermedades y la protección para no tener hijos y eso.

Alejandro Acevedo es psicólogo y se especializa en terapia sexual y de pareja. Además ha realizado trabajos de educación sexual con adolescentes. Al inicio del podcast, Alejandro nos contaba que a pesar de tener las mejores intenciones, su mamá no le sabía responder sus inquietudes sobre sexualidad, así que un día le dio un VHS para que aprendiera sobre cómo nacen los bebés.

“Entonces sintieron curiosidad por conocer su cuerpo un poco más. Les gustaba jugar y a veces también tocarse y acariciarse ellos mismos. Acariciarse las partes sexuales se llama ‘masturbación’ aaaaahhhhh. Masturbarse es una manera de…”

Sin embargo, al llegar a la universidad se interesó cada vez más por este tema y su reflexión lo ha llevado a concluir que el actual enfoque de la educación sexual en la mayoría de los establecimientos educativos está totalmente equivocado.

Porque muchas veces en la palabra sexual queremos meter lo que sucede muy a menudo o muy cliché: lo que sucede bajo las sábanas. Pero la educación sexual no puede quedarse ahí. La educación sexual también abarca el género, también abarca el erotismo, abarca la afectividad y abarca algo que quizás no se sepa mucho: un proyecto de vida.

Desde los años 90, por una sentencia de la Corte Constitucional, la educación sexual debería estar presente en todas las instituciones educativas del país. Pero aunque esté en el papel, la implementación está muy lejos de llegar a ese ideal. El enfoque también.

Y lo que medio se ha colado ha sido desde un enfoque de prevención o también llamado de riesgo, es decir, prevención de enfermedades, prevención de embarazos, prevención de violencias. (Ver: Colombia enfrenta una emergencia de violencia machista).

Pareciera que, que la sexualidad solo es importante cuando es peligrosa y se han dejado de lado los aspectos más cultivables, que insisto, no se reducen a lo netamente erótico, sino también a la forma de construir relaciones, de conocer nuestro cuerpo y al final de entender cómo los roles de género también nos influencian.

La educación sexual también abarca el género, también abarca el erotismo, abarca la afectividad y abarca algo que quizás no se sepa mucho: un proyecto de vida.

Según Alejandro, parecería como que toda la sociedad: instituciones, academia, educadores, familias se hubiera puesto de acuerdo para mantener la sexualidad bajo candado.

Y lo que la investigación muestra es que cuando se implementan medidas de riesgo genera un efecto paradójico. Es decir, lo que se busca atacar termina siendo más probable que suceda. ¿Por qué? Básicamente porque no hay un referente.

Sí, como que nos movemos mucho en evitación, alejarnos de algo y no hay un referente de hacia dónde llegar. Básicamente nos sucede metafóricamente que así como en la época de la Inquisición que la Iglesia terminó persiguiendo tanto el pecado que solo terminó viendo eso. Con la sexualidad, lo mismo, estamos viendo tantas cosas desastrosas que terminamos viendo solamente eso.

Aparte de que se está dejando de lado el potencial de la educación sexual como una vía de entrada para aspectos muy positivos de la vida, también se dejan de lado muchas temáticas que los adultos consideran que no son pertinentes. Pero como agrega la profesora Kelly Pulido, hay que oír a la niñez y a la adolescencia para saber sobre qué están necesitando aprender.

Yo creo que el nivel de lo que se trabaja lo ponen los mismos estudiantes, sí. Ellos mismos con sus preguntas van diciendo qué necesito saber, qué es lo que me está de pronto ahorita inquietando, acosando.

Porque yo puedo creer que, por ejemplo, para un niño de quinto solo voy a hablar prevención del abuso como inicialmente lo pensé, pero cuando ellos me empiezan a hablar de pornografía, de acoso, de sexting, yo me doy cuenta que obviamente no me puedo quedar solo en lo que yo creí que era para adecuado para su edad, sino yo tuve que ampliar mi espectro y tuve que hacerles entender que desde que miráramos todo con mucha responsabilidad y respeto, yo no me iba a negar a tratar ningún tema con ellos.

El consentimiento, el placer, las relaciones de pareja desde una perspectiva mucho más amplia de lo meramente sexual, los estereotipos de género, la orientación sexual, las identidades de género, todos estos son aspectos centrales de la vida, de la juventud de hoy y de siempre.

Pero tal vez sea el tema de la diversidad en cuanto a identidades de género, pero también en lo que se refiere a orientaciones sexuales, uno de los que más miedo tienen de tocar los maestros.

Eso, pese a que investigaciones recientes demuestran que padres, madres y acudientes sí están de acuerdo con que las infancias y adolescencias reciban educación sexual sobre estos temas, obviamente, de acuerdo a cada edad.

Paula Quintero ha recorrido todo un camino en materia de educación sexual y diversidad con su hija Antonia, una niña trans. La propia educación sexual de Paula no la preparó lo suficiente para el desafío de criar a una persona diversa en una sociedad que aún discute la existencia de las infancias trans como si su existencia estuviera sujeta a opiniones.

Sí, tuve una educación sexual que estuvo muy atravesada por los estereotipos que pesan sobre la vida de las mujeres, sobre el hacerse respetar, sobre el hacerse desear, sobre, sobre el hacerse esperar, sobre toda una serie de cosas alrededor de la sexualidad que, que eran muy, como muy castigadoras, como muy, como muy culposas, como muy morales. Pero yo puedo entender también que estamos hablando de 35 o 40 años atrás.

Sin embargo, todo esto se vería desafiado con su propia experiencia como mamá cuando las vivencias de su hija de repente empezaron a traer muchísimas preguntas cuyas respuestas ella desconocía. Antonia es una adolescente de 15 años a la que le interesa la música, toca la guitarra y le gusta la producción musical.

Para su mamá, la mayoría de las preguntas sobre género e identidad se concretaron cuando Antonia tenía 13 años y le contó sobre los propios cuestionamientos que estaba teniendo acerca de su identidad.

Hablaron de cómo al principio esto se sentía como un impulso de vestirse con ropa femenina o usar accesorios sobre su cabeza para simular que tenía el pelo largo. Conforme pasó el tiempo, esos pensamientos se habían hecho más reales y concretos acerca de su identidad femenina. (Ver: Dr. Mario Angulo: Las infancias trans están expresando quiénes son).

Hubo muchas preguntas que llegaron en un momento, todas juntas, sobre el género. Ya. Y eran preguntas muy específicas sobre cómo habitar el género y cómo romper las ideas que teníamos. Pues que yo tenía principalmente sobre, sobre el género, sobre ser hombre, sobre ser mujer.

Pero sobre la sexualidad, yo creo que hubo siempre mucha tranquilidad y mucha, digamos, apertura, de mostrarle siempre a Antonia que había muchas posibilidades de sentirse atraído por cualquier persona. Cierto, como con mucha…

Ni siquiera era una conversación, sino que había total naturalidad, ¿cierto? Estando en un contexto en el que teníamos personas cercanas que tenían parejas del mismo sexo, hombres, hombres y mujeres.

Los padres de Antonia se empezaron a documentar al respecto, pero por encima de todo, había algo muy claro desde el inicio de esta etapa que fue de muchísimas preguntas.

De muchas dudas, de muchas preguntas. Pero creo que en, en familia, junto con el papá de Antonia, que está muy presente también, sí fue principalmente una decisión radical de acompañarla como esa, esa decisión voluntaria de decir: “no sabemos qué está pasando, pero vamos a ir adelante con ella. Sí“.

Es obvio que la diversidad tiene que formar parte de los currículos porque hace parte de la vida. Y como lo dice Paula: “Yo creo que, en principio, es importante porque existimos, o sea, porque las personas trans existen, porque las infancias trans existen porque los niños y niñas y niñes con orientaciones sexuales diversas existen“.

“Las personas trans existen, las infancias trans existen y los niños, niñas y niñes con orientaciones sexuales diversas existen”.

“Hay muchos niños, niñas y niñes atravesando identidades de género diversas, que no pueden transitar porque no tienen las condiciones para hacerlo”.

No importa que no me pase a mí. Existen, y que yo sepa que existen, es mejor para todos que si yo no sé, porque si yo no sé puedo lastimar, puedo violentar, puedo “enclosetar”, puedo, puedo producir daño. ¿Ya? (Ver: “Cuando los hijos salen del clóset, los papás entran en él”).

Yo creo que fundamentalmente por eso y porque hay muchos niños y niñas y niñes que están allí atravesando identidades de género diversas, que no pueden transitar porque no tienen las condiciones para… Porque se requieren unas condiciones específicas, ¿no? Que ya te he mencionado para que, para que los tránsitos puedan salir a la luz. (Ver: “Dejemos que nuestros hijos vivan su vida y no nuestros sueños”).

Y cuando los tránsitos salen a la luz y se acompañan de manera correcta, hay personas teniendo experiencias de vida posibles, dignas, felices, tranquilas y que aportan también a la sociedad y la hacen crecer.

Trazar un plan de vida, elegir una carrera, buscar una pareja que respete tu individualidad, que no haya niños y niñas abandonados por sus padres o abusados en sus hogares, o que no haya embarazos infantiles ni suicidios por bullying.

Todas son preguntas, situaciones, preocupaciones que rodean, atraviesan y se cuestionan en la adolescencia. Y todas estas cosas están directamente relacionadas con la educación sexual integral. Por eso es tan importante.

Yo creo que es la cosa más importante de la vida. Así lo así lo resumiría en pocas palabras. Eso dice la profesora Kelly. Agrega que la educación sexual integral es un acto ético y político y que tiene que trascender las esferas personal, institucional, familiar e incluso estatal, porque es un deber y un derecho, pero también un camino de autoconocimiento y de construcción en sociedad. (Ver: “La familia y la escuela, donde más se vulneran los derechos de niños y niñas”).

Y entre más pronto empecemos a recorrer ese camino junto a estos jóvenes, mucho mejor. Y ahora ¿te gustaría saber cómo desaprender lo que aprendiste equivocadamente en tu educación sexual? ¿Saber por qué algunos sectores de la sociedad todavía boicotean algo tan esencial para la vida en sociedad como este tipo de información?

La educación sexual integral es un acto ético y político que tiene que trascender las esferas personal, institucional, familiar e incluso estatal, porque es un deber y un derecho.

Este podcast forma parte de la serie #AlOiidoConSentiido.

Te esperamos en nuestro tercer y último podcast de esta serie de educación sexual integral. Gracias por escuchar. Este podcast forma parte de la serie #AlOiidoConSentiido. Investigación y entrevistas: Rodrigo Rodríguez y Andrea Domínguez. Guion y narración: Andrea Domínguez. Edición: Rodrigo Rodríguez de Loro Podcast.

La música que escucharon en este episodio fue:

  • Springfield de Godmode.
  • Café Regret de Asher Fulero.
  • Atlantis de Audionautix
  • Cull Revenge de Jeremy Blake
  • Midnight in the Graveyard de Tween Musicum
  • I Feel It All So Deeply de Bail Bonds
  • Free me de Neffex
  • Headlands de National Sweetheart

Estas canciones y los efectos de sonido que escucharon a lo largo del episodio, se usan bajo licencia Creative Commons. Gracias a nuestros invitados por compartir sus conocimientos y experiencias. Y muchas gracias a ustedes por escuchar.

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