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Gaby Castillo

“Que nadie te diga que no”: el cine transfeminista de Gaby Castillo

Gaby Gygy Castillo es la primera mujer trans en hacer cine en Guatemala. Sus producciones -hechas con fuerza de voluntad, creatividad y mucho coraje- cuentan historias que no siempre llegan a las pantallas: las de las personas LGBTIQ.

Fotos y video: Andrés Camilo Gómez / Productora Espectro.

En la pantalla, un hombre y una mujer trans viven en Ciudad de Guatemala una relación marcada por el amor… Y por la vergüenza. Él teme mostrarse con ella. Ella se cansa de vivir escondida, solo visible en la penumbra de la noche. Esa es la historia de Te amo, Marissa, uno de los cortometrajes dirigidos por Gaby Gygy Castillo, pionera del cine trans en Guatemala. (Ver: #MeGustanTrans: ¡Me casé con una mujer trans!).

A sus 40 años, Gaby ha convertido la cámara en su herramienta para transformar realidades. Desde la Organización de la Diversidad Sexual Amigos Siempre Amigos (Odasa), que dirige, lidera producciones audiovisuales centradas en las experiencias LGBTIQ, con el objetivo de educar y generar conciencia sobre la diversidad sexual, pero también sobre otras poblaciones históricamente invisibilizadas, como las personas con discapacidad. (Ver: Los poderes transformadores del cine transfeminista).

El cine ha sido una oportunidad para contar las historias que nunca son contadas. Nos permite cambiar imaginarios y abrir conversaciones en las familias. Pero no ha sido fácil que crean en mis proyectos ni que los vean como algo profesional, porque no he tenido las mismas oportunidades que otros cineastas que han estudiado”, dice Gaby. (Ver: Artivismo transfeminista: el arte de la resistencia).

A pesar de la discriminación, la falta de recursos y los prejuicios, Gaby ha encontrado también aliados y redes que la sostienen.

Gaby Castillo
Gaby ha enfrentado falta de recursos para seguir su formación como cineasta. 

Soñar en grande

Su sueño empezó a hacerse realidad gracias a una beca otorgada por la organización “Justicia para mi hermana”. Gaby fue una de las tres personas seleccionadas entre veinte aspirantes para estudiar un diplomado con la cineasta Kimberly Bautista. (Ver: “Mi cuerpo es un tanque de guerra pintado de rosa”).

Aprendí muchísimo. Me enamoré del cine y entendí que podía hacer la diferencia con él. Así nació mi primera producción: Un reflejo de mí”, recuerda. (Ver: Yo, monstruo mío).

Desde entonces, Gaby ha realizado cortos, documentales y piezas informativas que abordan la vida y los desafíos de las personas LGBTIQ en Guatemala. Su trabajo demuestra que el cine independiente puede ser también una herramienta de resistencia, educación y cambio social. (Ver: Mi primera Vela muxe).

El cine es una herramienta de cambio para Gaby. Es su sueño hecho realidad, aunque un sueño aún en construcción, pues no ha sido fácil para ella abrirse paso en un ambiente poco desarrollado en Guatemala y predominantemente masculino.

“Siempre fui la abeja reina”

Gaby es hija del mestizaje. Su padre, un hombre indígena de Cunén, su madre, una mujer de Jutiapa, región cálida y ganadera. La familia se formó en Ciudad de Guatemala, pero el matrimonio no duró: su padre se mudó a Honduras con Gaby y uno de sus hermanos, mientras su madre se quedó con los otros dos hijos.

Gaby creció en medio de las recriminaciones de su padre por ser afeminada desde muy niña: “Una vez me hice unas trenzas con una peluca. Mi papá me vio y puso el grito en el cielo. Yo tendría unos 12 o 13 años”, recuerda. También rememora las cartas que su madre le enviaba y que su padre le ocultaba. “En vacaciones tenía que trabajar en el campo porque eso supuestamente me iba a ‘hacer hombre’”, dice. (Ver: “Tener una hija lesbiana es un orgullo para mí”).

Cuando regresó a Guatemala a los 18 años, su padre le dijo a su madre: ‘Me entregaste un hueco’, una expresión homofóbica común en el país. “Años después, él y mi madrastra me pidieron perdón. Les dije que ya los había perdonado. No estoy para vivir con resentimientos. Claro que hoy en día no tenemos mayor relación”, cuenta con serenidad. (Ver: “Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT”).

Gaby Castillo
Gaby eligió sonreír aunque su entorno no le devuelva siempre la misma sonrisa.
Gaby Castillo
Yo en el colegio fui presidenta de mi aula y de la junta del colegio. Era la ‘abeja reina’. No sufrí bullying, al contrario, mis amigos me defendían“.

Con su mamá también hubo distancias. Al principio solo aceptaba la posibilidad de que Gaby fuera un hombre gay, pero no una mujer trans. Sin embargo, el tiempo y la distancia hicieron su parte: “Ahora nuestra relación es muy buena. Me manda maquillaje, ropa interior y cosas así”, dice entre risas. (Ver: “La vida y Dios me premiaron con un hijo gay”).

En el colegio, Gaby encontró lo que tantas veces le faltó en casa: aceptación. “Era la más activa de todas, organizaba fiestas, era presidenta del aula y de la junta estudiantil. Siempre digo que fui la abeja reina”, cuenta divertida. “Una vez, en una fiesta con otro colegio, empezaron a burlarse de mí y hasta el director salió a defenderme”. (Ver: Bullying escolar LGBT: más fuerte y dañino).

Transfeminismo y sororidad

En su camino también ha tenido que enfrentar la exclusión dentro de su propia comunidad. “Algunas compañeras trans no me veían como una de ellas porque no trabajé en el comercio sexual. Incluso recibí amenazas”, recuerda. (Ver: Geografía de las luchas trans en América Latina).

Pero también ha encontrado espacios de contención. Desde los 16 años empezó a trabajar como voluntaria en Oasis, organización en donde fue educadora en VIH y conoció a su “madre trans”, Devi Maya, una figura clave que la inspiró a seguir. (Ver: Transfeminismos latinoamericanos: sororidad, resistencia y cambio social).

Hoy, Gaby forma parte del movimiento transfeminista en Guatemala. “El feminismo nos ha abierto las puertas. Participamos juntas en marchas como la del 8M o la de la Poderosa Vulva. Entre mujeres cis y trans hemos construido una sororidad que suma y transforma”, afirma. (Ver: Los súper poderes del feminismo transincluyente)

Algunas mujeres trans veían a Gaby como alguien ajeno porque no compartía con ellas la experiencia del trabajo sexual.
“Sexteando con la Gaby” se convirtió en una “biblioteca virtual” de las actividades LGBTIQ de Guatemala

Documentar para existir

Su historia con el audiovisual comenzó con una idea sencilla y poderosa: contar lo que nadie contaba. Desde Odasa, organización que dirige, Gaby impulsó un programa de entrevistas para televisión llamado Sexteando con la Gaby, grabado en la emblemática Sexta Avenida de Ciudad de Guatemala. (Ver: El gozo de ser queer).

Entrevistaba a la gente y hablábamos de distintos temas. Era algo casero, pero muy chilero (chévere)”, dice con orgullo.

Ese fue solo el comienzo. Hoy, Odasa produce al menos cuatro cortometrajes al año, además de videos, entrevistas y documentales disponibles en su canal de YouTube. Aunque el foco sigue siendo la diversidad sexual y de género, Gaby ha incorporado otros ejes. “Estamos haciendo producciones con comunidades sordas y ciegas LGBTIQ”, cuenta. (Ver: Yo marcho trans todo el año).

Actualmente, Gaby estudia cine en línea en la Universidad de Morelia (México) y sigue convencida de que el arte puede abrir caminos donde antes solo había muros.

Mi mensaje para las nuevas generaciones es que crean en sus sueños. Que nadie te diga que no”, dice con una sonrisa que refleja lo que ha aprendido en carne propia: que el cine, cuando se hace desde la verdad, no solo cuenta historias. Las cambia.

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