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¿Dónde están las lesbianas?

Género, diversidad sexual y cambio social.

Juliana Castro
Diseñadora gráfica

“No es mi amiga, es mi novia”

Juliana Castro

Juliana nació en Pereira. A los cinco años su familia se trasladó a Armenia. Allá estudió en un colegio de franciscanos. En 2008, cuando se graduó de bachiller, se instaló en Bogotá para estudiar en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia. El cambio fue del cielo a la tierra. Vive en Bogotá.

¿Son visibles las lesbianas en Colombia? ¿Le parece importante que lo sean?

En las ciudades pequeñas es muy difícil llevar una vida anónima. Es más frecuente que una persona le cuente a otra y así sucesivamente que una mujer es lesbiana.

Ahora este tema es más visible, pero todavía hay mucha gente que tiene miedo de que sus papás se enteren. En mi caso, yo salí del clóset estando en Bogotá sin temor de lo que pensarían mis amigos o mi familia. Nunca he sentido miedo de ser como soy. Además, mi mundo familiar es muy amable con el tema, pero entiendo que hay otros que no lo son.

Lo que sí creo, es que si uno le dice o le demuestra a la gente de frente como uno es, no dicen nada malo, así quieran hacerlo. Una postura decidida evita los cuestionamientos.

El asunto está en llamar las cosas por su nombre. Decir lo que uno es con las palabras que son. A mí nunca nadie me ha dicho: “¿por qué no intentas cambiar?”. He tenido preguntas de personas que sienten curiosidad, pero no comentarios atacando lo que soy.

En muchos círculos hay mujeres que tienen miedo de decir que son lesbianas. En algunos casos, detrás de esto están las consecuencias que esa información pueda traerles. En otros, la razón es que todavía no quieren nombrarse de esa manera.

En mi opinión, cuando una persona no es firme con quien es, es más proclive a que se ponga en duda su identidad y a que la gente trate de buscarle “otras posibilidades”.

Algunas personas pueden tomar el hecho de que una mujer dude sobre su orientación sexual, a que se trata de una etapa o a que no ha conocido al hombre de su vida.

También creo que la homosexualidad de las mujeres se pone más en duda que la de los hombres. Cuando una mujer dice que es lesbiana, se tiende a pensar que a lo mejor es bisexual, que está siguiendo una moda o a que su exnovio la maltrataba y esto la traumatizó, pero en todo caso puede “corregirse”.

El machismo imperante en este país conduce a que las relaciones entre mujeres sean más cuestionadas. Si dos mujeres están cogidas de la mano, se tiende a pensar que son amigas o hermanas, pero nunca novias. En cambio, sí son dos hombres quienes lo hacen, de inmediato se dice que son homosexuales.

Esto demuestra que, en el rol que la sociedad les ha asignado a las mujeres, no hay posibilidades de que no contemplen a un hombre como pareja. Y aunque las lesbianas existen y están por todas partes, hay quienes prefieren decir: “son amigas que llevan 50 años viviendo juntas”.

Hace unos años me pasaba que algunos hombres tomaban el hecho de que me gustaran las mujeres como una invitación o una insinuación. No sé si tuve un cambio de tono o en la forma de referirme al tema, pero un día dejó de pasarme.

Esos gestos de palabras y de actitud son importantes en una sociedad como la colombiana que acostumbra a darle tantas vueltas a las cosas. Es clave nombrar las cosas como son y mostrarse como es.

Mucha gente le tiene miedo a la palabra “lesbiana”. No saben si hablar de “la compañera” o “la amiga”, cuando podrían hablar de la novia o esposa.

Nombrar las cosas como son hace que mi vida sea más fácil . Yo no siento que mi amor sea diferente ni que tenga que explicarlo, sino simplemente nombrarlo.

Para mí es importante que las parejas de mujeres sean visibles. No creo que haya parejas que no quieran cogerse de la mano o darse un beso en la calle, sino que sienten miedo de lo que pueda pasarles.

Ver parejas del mismo sexo en la cotidianidad, es una manera de aclararles el panorama a las personas que se sienten confundidas al respecto. Es mostrarles que este es un tema que va más allá de la clandestinidad o de los “bares gais”.

Sin embargo, de unos años para acá las parejas de mujeres son más visibles. Cada vez hay menos miedo de ser quien uno es y de vivir como se quiere. Y entre más visible sea esto, más común se volverá.

De hecho, la gente se escandaliza cuando ve a una pareja del mismo sexo dándose un beso, porque nunca lo ve. Por eso lo siente fuera de lugar.

Lo ideal es que el amor se convierta en algo habitual, sin importar si es entre dos hombres, dos mujeres, un hombre y una mujer… Y que, además, la gente deje de preguntarse quién hace de hombre o de mujer cuando se trata de parejas del mismo sexo.

Cada quien debería sentirse tranquilo de decir en su empresa que su pareja es del mismo sexo. No creer que esa es información que debe ocultar porque puede traerle problemas.

No se trata de andar con un letrero informando que a una mujer le gustan las mujeres sino demostrar lo que uno es y nombrar las cosas como son.

Continúa en la siguiente página…

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